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AGOSTO

Escrito por José Luis Sánchez Noriega
AGOSTO
  • Titulo Original
    August: Osage County
  • Producción
    George Clooney, Jean Doumanian, Steve Traxler, Grant Heslov y Harvey Weinstein para Jean Doumanian Prod. y The Weinstein Company (Estados Unidos, 2013)
  • Dirección
    John Welles
  • Guión
    Tracy Letts
  • Fotografía
    Adriano Goldman
  • Música
    Gustavo Santaolalla
  • Montaje
    Stephen Mirrione
  • Distribuidora
    DeAplaneta
  • Estreno
    10 Enero 2014
  • Duración
    121 min.
  • Intérpretes
    Meryl Streep, Julia Roberts, Ewan McGregor, Bennedict Cumberbatch, Abigail Breslin, Juliette Lewis, Dermot Mulroney, Sam Shepard, Chris Cooper, Julianne Nicholson

agosto2Recital interpretativo que mantiene en pie los valores del texto dramático original con una familia trasunto de la sociedad contemporánea. Si participáramos en el juego de resumir en una frase una película diríamos de Agosto algo así como “El dolor y la muerte son mal punto de partida para una antropología medianamente optimista”.  Agosto en el condado de Osage, Oklahoma, es tórrido y puede llegar a debilitar el seso y hacer que las personas saquen de sí lo peor, sobre todo cuando el dolor de la enfermedad y la muerte se ciernen sobre ellas y revelan la fragilidad y la desnudez últimas en los sujetos, quienes se vuelven inmisericordes porque llevan mal que los demás contemplen esa fragilidad. También el enunciado de ese mes y ese lugar da título a esta película: August: Osage County, basada en la obra teatral de igual nombre de Tracy Letts –también autor del guión- que ha cosechado un éxito notable; en nuestro país tuvo un memorable montaje dirigido por Gerardo Vera e interpretado por Carmen Machi y Amparo Baró hace un par de años.

            El matrimonio ya en la senectud formado por Violet (Meryl Streep) y Beverly (Sam Shepard) vive su ocaso con la muerte anunciada, pues ella sufre un cáncer de garganta y él, cansado e incapaz de soportar el desgaste de la relación con ella, decide quitarse la vida. Esta muerte convoca a toda la familia: la hermana de Violet, Mattie Fae, con su marido Charlie y su hijo del mismo nombre, y las tres hijas del matrimonio, la mayor, Barbara (Julia Roberts) con su marido y su hija, una adolescente con problemas; Ivy, más cercana a sus padres, que oculta la relación que mantiene con su primo Charlie; y Karen (Juliette Davis) que viene con el último noviete que se le ha arrimado. Con la asistenta Johnna, una india cheyenne, esta decena de personajes pasan juntos, en la casa familiar, tres o cuatro días tras la muerte de Beverly, tiempo en que se desarrolla un psicodrama de envergadura, pues es la ocasión para sacar a relucir las frustraciones, echarse en cara las decepciones, reír a carcajadas tanto con estupideces como con lo más serio, agredir con envidias y con secretos, especular con las debilidades de los otros… Como resume el director teatral de la puesta en escena española “En el sótano de la casa donde vive esta familia, las alcantarillas rezuman, hacen ruido...Viven sobre un pozo de secretos, frustraciones, miedos, protecciones y refugios. Tracy Letts levanta la alcantarilla y aunque los actores se pasan la obra poniendo toallas bajo las puertas para impedir la inundación, el agua lo anegará todo, dejando solo, soledad".

            La pieza viene a ofrecer un fresco con diversos tipos representativos de nuestras sociedades contemporáneas; a saber, la madre luchadora que se ha hartado de su rol responsable (Violet), la mujer soltera y aislada que ha encontrado un amor inconfesable (Ivy),  el seductor incansable que no hace ascos a menores (Steve), la sobreprotectora hermana o madre tan verborreica como callada para lo que le interesa (Mattie Fae), la chica frívola y superficial expuesta al viento que sople (Karen), la mujer responsable y honrada que no soporta la hipocresía, aunque mantenga su matrimonio con una ficción (Barbara), la adolescente insegura abocada a peligrosas “experiencias fuertes”… hasta la india Johnna con su lucidez observadora de la jaula de grillos.  Este conjunto funciona muy bien, tanto por la variedad de los personajes como por el recital interpretativo a cargo de actores de primera, elegidos cuidadosamente para un reparto coral que funciona como un conjunto sólido. Por supuesto, Meryl Streep sigue demostrando que crece como actriz con los años y tiene aquí un papel de los grandes, con un personaje decididamente desmedido, que recuerda a la Joan Crawford de ¿Qué fue de Baby Jane? o a la Bette Davis de La loba; pero no le va a la zaga Julia Roberts que nunca pareció muy dotada para el drama. En otros casos la elección del intérprete parece tan previsible como indiscutible, como sucede con Julitte Lewis y Ewan McGregor, que se adaptan como un guante a sus personajes.

            Siendo una obra de teatro cuya fuerza recae en los diálogos y que presenta el pie forzado del espacio único y tiempo continuo, Agosto funciona bien como película y saca partido del espacio de las llanuras de Oklahoma y de los pocos exteriores, cual secarral por donde deambulan seres humanos devenidos animales perdidos; no en vano el director John Welles viene de producir y dirigir episodios de televisión de raigambre dramatúrgica y la no menos teatral The Company Men con que debutó en la gran pantalla. Welles proporciona dinamismo al texto teatral, hace plausibles los recursos teatrales (hipérboles como la pelea entre madre e hija) y, por encima de todo, consigue un ritmo fluido a lo largo las dos horas de metraje. Un mérito no pequeño es el humor en medio de situaciones bastante patéticas, de esas en que el espectador ríe y se le congela la sonrisa al mismo tiempo. Funciona menos el calor estival evocado en el título, que en el filme queda en segundo plano, sin el peso que la pieza teatral otorgaba a la temperatura.

En la senda del mejor teatro norteamericano de la Generación Perdida y de Tennessee Williams, con su análisis social crítico, sus perdedores y su sesgo pesimista, probablemente Agosto no sea una gran película, pero ya es mucho si logra –como le parece al abajo firmante- mantener en pie los valores del texto dramático original con esa familia trasunto de la sociedad contemporánea, mucho más consistente dramáticamente que la familia disfuncional protagonista de otra pieza de Letts, llevada al cine en Killer Joe (William Friedkin, 2011) en clave de cine negro de talante tarantiniano. La larga secuencia de la comida recuerda al espectador la cena de la obra testamentaria de John Huston, Dublineses (1987), con muy parecido talante tragicómico.  

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