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EL IMPOSTOR

Escrito por Ernesto Pérez Morán
EL IMPOSTOR
  • Titulo Original
    The Imposter
  • Producción
    Dimitri Doganis E Indie Films, Film 4, Channel 4, RAW, Red Box Films y Passion Pictures (Reino Unido, 2012)
  • Dirección
    Bart Layton
  • Fotografía
    Erik Alexander Wilson y Lynda Hall
  • Música
    Andrew Hulme
  • Montaje
    Kasper Leick y Mikkel E.G. Nielsen
  • Distribuidora
    Avalon
  • Estreno
    10 Mayo 2013
  • Duración
    95 min.
  • Intérpretes
    Adam O’Brian (Frédéric Bourdin), Frédéric Bourdin (él mismo), Anna Ruben (Carey Gibson), Cathy Dresbach (Nancy), Alan Teichman (Charlie), Iván Villanueva (trabajador social), María Jesús Hoyos (juez), Anton Martí (policía), Amparo Fontanet (policía)

el-impostor2Un filme interesante que versa sobre la identidad, la necesidad de recuperar ausencias y las mentiras… sean las que sean. El documental es terreno abonado para reflexionar sobre las relaciones entre la realidad y la ficción, y el debate acerca de la pretendida ‘objetividad’ se ve enriquecido por esos falsos documentales que revelan la ficción inherente a cualquier construcción, por muy documental que sea. Aparecen además, como nuevos elementos multiformes, piezas dentro de ese formato que miran más allá del espejo y plantean cuestiones en torno a la identidad, a la verdad de los personajes no ya en cuanto a su función en la película sino a su rol como personaje de la realidad (o de la ficción): si es quien dice ser o no.

Es el caso de El impostor–dirigida por el documentalista Bart Layton, en su primer trabajo no televisivo–, una obra que levanta acta de unos sucesos acontecidos durante 1997: en España aparece un joven que asegura llamarse Nicholas Gibson, un adolescente texano desaparecido cuatro años antes. Desde el principio se da la palabra al impostor, un tal Frédéric Bourdin, quien se hizo pasar por Nicholas a pesar de tener siete años más que él y no guardar apenas parecido físico. Él conduce la primera parte de una narración que entremezcla –mediante un preciso montaje– fragmentos que reconstruyen lo ocurrido, con actores, y los testimonios de los referentes reales. Así sabemos que, a pesar de las casi nulas coincidencias fisionómicas, la familia reconoce al impostor como su Nicholas y lo recibe con los brazos abiertos.

Por el momento el espectador vive entre la perplejidad y la intriga, pues el relato, aunque está basado en una historia real (o precisamente por ello), se mueve en los territorios de la inverosimilitud, hasta que los testimonios de algunas autoridades comienzan a descorrer el velo: esa familia sabía que Frédéric no era Nicholas, pero se empeñaba en ocultarlo y convencerse de que sí lo era. Se aferraban a una mentira para tratar de recuperar la verdad. Creaban una ficción con el fin de alcanzar la imposible realidad. En este momento, El impostorparece transitar los caminos de la gestión de ausencias en torno a un hijo, al igual que hicieron hace poco títulos tan distintos como La habitación del hijo(Nanni Moretti, 2001), Para que no me olvides(Patricia Ferreira, 2005)o El mejor(Shana Feste, 2009).

Pero entonces se produce un giro –convenientemente elidido en estas líneas– que abre las puertas altercer acto de un largometraje hábil y tramposo a partes iguales y que no pretende levantar acta, sino manipular una realidad y dramatizarla. Y lo hace a través de actores solventes, mediante un montaje que enlaza con virtuosismo el universo real y el ficticio –delimitación estéril aquí–, que recurre a algunas imágenes de archivo y que logra convertir a las víctimas en culpables y al revés. Al final, nada es lo que parece y todo da la vuelta, como ocurre cuando descubrimos los artificios del documental. El impostores una obra atractiva, cuyos premios y buena acogida por parte de la crítica refuerzan la sensación de estar ante un interesante discurso acerca de la identidad, la soledad, la necesidad de sentirse aceptado y, en última instancia, el poder de la imagen para hacernos creer una cosa y la contraria en apenas unos minutos.