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El cine de la Primera Guerra Mundial

Escrito por José Luis Martínez Montalbán

01-armasHace ahora justamente un siglo, en julio de 1914 se desencadenó la Gran Guerra, nombre que recibió “la guerra que iba a acabar con todas las guerras”, aunque luego el devenir histórico demostró lo equivocados que estaban todos aquellos que creyeron en tal predicción. Las consecuencias de la Primera Guerra Mundial fueron inmensas: desaparecieron cuatro grandes imperios, hubo cerca de diez millones de soldados muertos, quince millones de soldados heridos, cinco millones de viudas, nueve millones de huérfanos y más de diez millones de refugiados, se desangraron las economías europeas, se socavó el dominio de Europa sobre el mundo, etc. Si hasta 1914 los europeos estaban convencidos de que el mundo avanzaba hacia un lugar mejor, el desastre bélico les sumió en una sensación de fracaso y de perdida, de la que tardaron en recuperarse. La Gran Guerra tuvo, igualmente, unas consecuencias enormes en el joven mundo de la industria del cine, ya que Francia perdió su hegemonía como primera potencia cinematográfica, mientras que Estados Unidos, atento al suculento negocio que se le ponía al alcance de la mano, se convirtió en el primer productor de películas del mundo, situación que ya no ha dejado desde entonces.

En la dimensión más artística la Primera Guerra Mundial dio lugar a la aparición de un nuevo género cinematográfico, el bélico, en el cual fueron pergeñándose los tópicos argumentales que luego el cine ha ido consagrando hasta nuestros días. Entre ellos se pueden señalar los orígenes novelescos, con los amores rotos de los protagonistas, la influencia melodramática, con los malos tratos infligidos a la población civil, la propensión al espectáculo, con la recreación de los episodios bélicos más destacados, etc.

La filmografía de la Gran Guerra es relativamente pequeña, si la comparamos con la producida por la Segunda Guerra Mundial, pero hay en ella unas cuantas obras maestras que han pasado, con pleno derecho, a las páginas más destacadas de la historia del cine. La primera de ellas, realizada antes de que el conflicto terminase, es Armas al hombro (Shoulder Arms, Charles Chaplin, 1918), una feroz sátira antimilitarista, narrada en clave de comedia, y que constituyó un enorme éxito en todo el mundo. Ese mismo año Abel Gance realiza Yo acuso (J’accuse), en el que una trama melodramática sirve al cineasta para trazar un vigoroso alegato antibélico. En la década de los veinte el cine europeo apenas dedica atención a la guerra recientemente terminada. Sin duda el recuerdo de los horrores vividos hace que los cineastas no quieran acercarse a la misma, prefiriendo olvidarla. Sin embargo, en Estados Unidos, ven que el tema puede dar lugar a la realización de obras con fuerte impacto en la taquilla, por lo que deciden acercarse al mismo. Así surge Los cuatro jinetes del apocalipsis (The Four Horsemen of the Apocalypse, Rex Ingram, 1921), sobre la novela de Vicente Blasco Ibáñez. En este film se instauran dos clichés que serán recurrentes en el cine bélico posterior, uno es la historia amorosa que transcurre sobre un fondo de guerra, y el otro es la concepción maniquea de la realidad, en donde hay unos buenos, nosotros, y otros malos, ellos. La película fue un éxito arrollador, convirtiéndose en el film mudo con mayor número de espectadores de la historia del cine.

En 1925, King Vidor realiza una de los films cumbres del cine bélico, El gran desfile (The Big Parade), en donde el director pone en escena una obra plena de humanismo y en donde el realismo y la poesía se dan la mano en el marco de un conflicto bélico. Dos años después, en 1927, William A. Wellman realiza Alas (Wings), que constituye un homenaje a la aviación, una de las muchas innovaciones que habían aparecido en la guerra, dando un aire aventurero a la historia de los jóvenes que acuden a la lucha, al tiempo que se forja otro de los tópicos del cine bélico, el de la extrema amistad entre los soldados. Pero, poco a poco, la idea de que la guerra no había sido una cuestión de buenos y de malos, sino una gran tragedia para todos, se va imponiendo. Ello hace que los filmes que se ruedan en los años siguientes tengan una marcada impronta antibelicista y antimilitarista, Sin novedad en el frente (All Quiet in the Western Front, Lewis Milestone, 1930), Cuatro de infantería (Westfront 1918, Georg Wilhelm Pabst, 1930) o Adiós a las armas (A Farewell to Arms, Frank Borzage, 1932).

Pero en la década de los treinta el interés por la Primera Guerra Mundial va decreciendo, y son otros temas, como la ascensión de los fascismos o la guerra civil española, los que concitan el interés de la opinión pública. De esos años solo se puede destacar un film, pero que supone una de las obras cumbres de la historia del cine. Se trata de La gran ilusión (La grande illusion, Jean Renoir, 1937), una película que postula el entendimiento entre los hombres, de naciones y razas diferentes, como camino para establecer la pacífica coexistencia de los pueblos.

02-JohhnyLa hecatombe que supone la Segunda Guerra Mundial y la preeminencia de este conflicto en el cine bélico, relega al olvido a la anterior guerra, que desparece de las pantallas hasta 1957, en que Stanley Kubrick realiza Senderos de gloria (Paths of Glory), uno de los ataques más feroces que se han hecho nunca contra el estamento militar, razón por la cual estuvo prohibida en muchos países. Además, el film supuso una gran ruptura con los clichés que habían ido conformando el género bélico, aportando unas nuevas formas de presentar los hechos de armas. En los años siguientes la temática derivada de la Segunda Guerra Mundial, y de los conflictos armados posteriores, siguen copando todas las apariciones de películas bélicas. Hay que esperar hasta 1971, con Johnny cogió su fusil (Johnny Got His Gun, Dalton Trumbo), para encontrarnos con un film que constituye una acerva crítica al poder destructor de la guerra y cuyo impacto en todo el mundo es enorme. No es hasta varios años después, en 1996, cuando vuelve a surgir otra película ambientada en la Primera Guerra Mundial. Se trata de Capitán Conan (Capitaine Conan, Bertrand Tavernier), en donde se reflexiona sobre el ser humano, como víctima de la locura de los enfrentamientos armados y del horror de la guerra, que le pueden llegar a inhabilitar para su inserción en la vida civil.

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