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Cuarenta años escribiendo de cine (y II)

Escrito por Norberto Alcover

El peso de lo duradero.

De un tiempo a esta parte, la sociedad mundial viene dejando de lado la tarea intelectual seria, profunda y sobre todo duradera, sustituida por una serie de productos que se definen por dos conceptos a cual más peligroso: la coyunturalidad y la superficialidad. No fascina lo que, desde que el mundo es mundo, pero sobre todo desde la Ilustración francesa, significa el trabajo más allá de las cuestiones inmediatas, y mucho menos cuanto implica una tarea permanente de estudio, investigación y, en definitiva, soledad intelectual. Manda la inmediatez y lo fácilmente digerible por un público consumidor que está casi completamente determinado por la globalidad mediática, cada vez más en función de las tecnologías punta.

            Exigimos el aplauso fácil, la reacción entusiasmada de la industria editora icónica y escrita, y sobre todo, llevamos un estilo de vida poco propicio al trabajo en claroscuro por la sencilla razón de que nos falta tiempo para lo más importante: reflexionar sobre lo sucedido en la realidad, como fuente de ulteriores creaciones artísticas, reflexivas, literarias y, en general, de redundancia societaria. De La montaña mágica a Novecento, de Mann y Bertolucci, hemos transitado a los libros de autoayuda y a esos filmes de terror sin fundamento alguno. El salto está dado, y sin embargo sobreviven hombres y mujeres fieles a la nobilísima tarea de pensar y de pensar críticamente, en un gesto de fraternidad intelectual y sociología de altos vuelos respecto de sus compañeros de vida y planeta. Criticar para discernir lo valioso de lo absolutamente fungible. Estoy hablando de la tarea crítica y todavía más en especial de la crítica cinematográfica.

            En este sentido, un grupo de entusiastas hombres y mujeres de cine, decidimos hace cuarenta años levantar un complejo edificio de naturaleza crítica cinematográfica, amparado en nuestra tarea en la revista Reseña, que llevaba funcionando desde 1964, a instancias del fervor humanístico de los profesores de Humanidades de la Compañía de Jesús, movidos por el afán conciliar de intervenir en el mundo de la cultura desde un punto de vista analista y crítico, entonces todavía poco desarrollado en España. Y desde 1972, aparecía en las librerías españolas el actual Cine para Leer, anuario de crítica fílmica seria, profunda y con deseos de permanecer en el tiempo por su intrínseca calidad y utilidad para los lectores y no menos para instituciones relacionadas con el fenómeno cinematográfico, incluidos los cineclubes, que ahora mismo retornan con fuerza. Cuarenta años, pues, de una tarea de equipo y con una intencionalidad absolutamente determinada: criticar con fundamento, siempre al servicio de la obra fílmica misma, e intentando salvar la proposición ajena en lugar de utilizar la crítica en función ideológica restrictiva y en fin destructiva. Criticar como ejercicio intelectual, con las solas armas del análisis narrativo, de las complejidades estéticas del lenguaje cinematográfico y de un juicio valorativo fundado en lo anterior. El crítico como servidor y, en momento alguno, señor y dueño de la obra criticada. Ni más ni menos.

            De esta manera, Cine para Leer, con todas sus limitaciones, ha llegado a elaborar una colección crítica de naturaleza cinematográfica que es referente objetivo de reflexión seria, profunda y, sobre todo, duradera para una serie de generaciones pasadas, presentes y seguramente futuras, haciendo del texto crítico fílmico un lugar de encuentro cultural de cada momento histórico y no textos aislados que solamente se refieren a la película cerrada sobre sí misma, antes bien a una obra necesariamente abierta al conjunto. Cuarenta años de historia cinematográfica pero también civil, política y axiológica, además de religiosa y estética, se condensan en los anuarios comentados, donde se esconden los cuarenta años fundamentales para la construcción de la España democrática desde la óptica del cine y de sus películas en concreto. Una obra que permanece, que atrae cada vez más, con el marchamo de que la obra duradera, tal vez elaborada en silencio y sin grandes expectativas mediáticas, es la que acaba por elaborar la gestación de una sociedad donde lo coyuntural y lo superficial se imponen cada vez más en detrimento de la reflexión como ámbito para la elaboración crítica de la realidad.

            El espectáculo se goza absolutamente cuando alguien te ayuda a contemplarlo críticamente. Ésta ha sido y es nuestra tarea.

 

Norberto Alcover

 Orgullosos del debate crítico

Con la aparición de Cine para leer 1972. Historia crítica de un año de cine, con la autoría del Equipo Reseña, se iniciaba la publicación de un anuario que se ha mantenido hasta la actualidad. En sus comienzos consistía en una recopilación de las críticas de las películas aparecidas en la revista Reseña de Literatura, Arte y Espectáculos. Pero rápidamente se vio que era necesario aumentar el número de filmes reseñados, por lo que en las reuniones de la redacción de la sección de cine, se discutían los títulos que debían figurar el siguiente mes en la revista, a los que se añadían otros para aparecer, solamente, en el libro.

Eran unas reuniones en las que todos opinábamos sobre los esCine para leer 2006-2 bajatrenos del mes, aportando nuestro punto de vista sobre cada una de las películas, sin haberse decidido, todavía, el reparto de las mismas. Eran unas discusiones muy interesantes y enriquecedoras, por la variedad, e incluso disparidad, de criterios que afloraban en la conversación. Todo ello se reflejaba en las críticas publicadas, que en diversas ocasiones recogían algunas de las opiniones que se habían expresado, apuntalando, de esta manera, al grupo que figuraba como autor de los libros, Equipo Reseña. Poco a poco, cuando el anuario estuvo perfectamente consolidado y comenzó a ser una obra de referencia, el Equipo Reseña empezó a soñar con nuevos retos. El principal de ellos era publicar, no solamente las críticas de una selección de las mejores películas del año, sino ampliar esas reseñas a todos los estrenos. En ese sentido, a lo largo de cuatro años se fueron ampliando el número de filmes aparecidos, hasta que en el volumen Cine para leer 1993 se consiguió, por fin, que figurasen críticas de todas las películas estrenadas a lo largo de ese año.

Cuando, con el paso de los años, el tiempo de exhibición de los filmes en los cines se empezó a acortar, el número de estrenos aumentó considerablemente. Ello llevó al Equipo Reseña a tomar la decisión de convertir su cita anual en dos citas semestrales. Así, desde el año 2000, Cine para leer aparece dos veces al año, en los dos tomos “Enero-Junio” y “Julio-Diciembre”, en donde sigue dando cumplida cuenta de todos los estrenos, con una crítica cuya extensión es acorde a la importancia de la película.

Con el paso de los años, cuarenta cumpleaños se producen en la actualidad, la colección de Cine para leer se ha transformado en un documento muy importante para poder estudiar la evolución del cine en España. Hay que tener en cuenta que el amplio panorama cronológico que cubre, le permite ofrecernos información de primera mano de los distintos momentos políticos y sociales por los que ha pasado nuestro país, que van desde la dictadura franquista, la transición hasta la consolidación de la democracia.

Desde sus estudios introductorios, que nos ofrecen unas panorámicas pormenorizadas de los avatares de la industria y del arte cinematográfico en España y en el mundo, hasta la recopilación de los premios obtenidos en certámenes y en festivales, las principales fechas, las necrológicas, la bibliografía cinematográfica, etc., la ingente acumulación de información, acompañada de una mirada crítica sobre el cine, que es la principal aportación que ha hecho Cine para leer a lo largo de su dilatada vida, hace que todos los que hemos participado en este proyecto nos sintamos orgullosos del trabajo realizado.

 

José Luis Martínez Montalbán

 

La heroicidad de superar el número 6

 

            Cuarenta años en nuestra historia cultural contemporánea, desbordada de acontecimientos y noticias, son bastante tiempo. Incluso podría decirse que mucho tiempo. Si, además, esas cuatro décadas las cumple un anuario regular sobre información y crítica cinematográfica entonces el aniversario podría calificarse como acontecimiento por su excepcionalidad. Precisamente eso es lo que ocurre, a lo largo del presente año 2012 con nuestra publicación anual Cine para leer. Aparecida un decenio después de la revista Reseña de literatura, arte y espectáculos (1962-2004), que lo había concebido y realizado, pudo acompañarla durante 32 años. También con ella volvió a cumplirse en el panorama cultural español el triste presagio de la gran mayoría de las revistas de cine.

            El profesor de Ciencias de la Información de la Universidad de Santiago de Compostela, Juan Hernández Les, escribía hace poco tiempo acerca de sus respectivas singladuras: “La revista de cine ha venido siendo una publicación que sus editores lanzaban como producto…cuyo mérito consistía en llegar al número seis…o permanecer al menos un año en cartel” (Ere, n.80, 2009, 42). Aun rebajando tal hipérbole, no puede negársele sólido fundamento. Baste recordar el recorrido histórico de algunas revistas cinematográficas para confirmarlo: Film Ideal (1956-1963), Cinestudio (1961-1971), Nuestro Cine (1961-1971), Griffith (1965-1966), Cinema 2002 (1975-1982), Nickel Odeon (1996-2003), Contracampo (1979-1987). Los ejemplos podrían multiplicarse. La única excepción, que sepamos, sería la benemérita Dirigido por (1972) que mantiene su veteranía desde su origen.

         Reseña puede considerarse privilegiada con sus 42 años de vida. De haber continuado su publicación, hoy hubiera celebrado medio siglo de existencia. No pudo ser, a pesar de muchos esfuerzos, cambios de periodicidad, ampliación de plantilla y campañas de promoción. Lo único posible fue salvar la sección de información y crítica cinematográfica para continuar como anuario Cine para leer que sigue adelante con ayuda del esfuerzo editorial y la fidelidad de su equipo de colaboradores, amigos  y lectores, cuyas críticas son, por lo general, indulgentes con su doble soporte de papel y digital: cineparaleer.com. Precisamente por todo ello, resultaba lógico celebrar este cumpleaños, aun con las nostalgia cultural de la revista madre desaparecida. Desde estas líneas felicitamos a todos los colegas. Quien esto escribe lo hace especialmente agradecido a todos los compañeros de trabajo, desde el mismo origen de ambas publicaciones hasta hoy.                  

  Manuel Alcalá

 

 

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