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Quinquis, maderos y picoletos

Escrito por Redacción
Quinquis maderos picoletosQuinquis, maderos y picoletos. Memoria y ficción, de Juan A. Ríos Carratalá, Sevilla, Renacimiento, 2014, 273 pp.

La ficción siente una especial atracción por la delincuencia. A diferencia de las vidas grises y ordinarias, propias de un realismo con pocos adeptos, los fuera de la ley concitan el interés del público mayoritario. La trasgresión, el riesgo, la aventura y, sobre todo, la violencia como espectáculo son componentes de unas obras de ficción cuyos protagonistas pueden acabar mal, pero después de una trayectoria intensa (y breve) que reconcilia al espectador o el lector con su cotidianidad de perfil bajo.

La vida no es la ficción. Gracias a esta obviedad, salimos a la calle con una relativa tranquilidad y resulta improbable que nos veamos envueltos en una balacera. Sin embargo, en la España de la Transición esta certeza podía ser cuestionada. Las cifras de la inseguridad ciudadana a finales de los setenta y principios de los ochenta eran aterradoras. Los robos y los atracos se sumaban a un terrorismo en su momento álgido. El camino hacia la democracia debía sortear numerosos obstáculos.

La idílica imagen del consenso se hace añicos al observar estas circunstancias y comprobar la falta de respuesta, o la inadecuación de la misma, por parte de un Estado débil, incompetente y lastrado por la herencia franquista. En ese marco, la irrupción de una inusitada violencia juvenil provocó la alarma y la mitología, a partes iguales, en una sociedad donde los quinquis dispusieron de películas, canciones y libros para su exaltación o justificación. Esta ficción completaba la presente en la prensa, que nunca regateó titulares para quienes competían con los líderes de un país convulso, al borde del precipicio y mediocre.

Una novela de Javier Cercas reavivó estas vivencias, que compartí con el autor como tantos jóvenes que nos asomábamos al futuro en un clima de incertidumbre. La ficción alienta el recuerdo y las ansias de conocer la realidad de aquello que nos ha llegado a retazos, incompletos por definición y equívocos como un capricho de la memoria. Las leyes de la frontera (2012) parte de una pregunta y a su vez genera otras, que me llevaron a indagar sobre el juego de la ficción y la memoria en una serie de películas y obras literarias contrastadas con las referencias históricas de las que partían. Y, entre estas últimas, se encontraba la prensa, que también recurrió a la ficción porque al lector no le interesa tanto la información como un relato acerca de la misma.

La coincidencia en un ensayo de la novela de Javier Cercas y las películas de José Antonio de la Loma, por ejemplo, obliga a utilizar diferentes registros. El resultado es un sumario con cinco capítulos independientes. Su orientación oscila entre la crítica literaria y la crónica de sucesos pasando por otros derroteros porque la ficción analizada se contrasta con la prensa y la bibliografía, sin despreciar la memoria personal. Las sorpresas deparadas por las hemerotecas digitales se suceden, pero al margen de la lógica de una novela negra. El objetivo a veces es una obra de ficción y en otras ocasiones los medios de comunicación, habitualmente dispuestos a mitificar unos delincuentes cuya proyección pública resulta sorprendente.

El sumario de Quinquis, maderos y picoletos forma un puzzle de piezas desiguales, que van desde el análisis académico hasta la recreación de experiencias generacionales relacionadas con la violencia juvenil. La realidad sugiere el punto de vista para su observación y el ensayista, cuando prescinde de las anteojeras de un único método de trabajo, debe mostrarse flexible si pretende aprovechar los materiales susceptibles de análisis. La teoría literaria convive en este libro con las manipulaciones periodísticas o las mentiras de unos protagonistas de trayectorias sinuosas, en el mejor de los casos.

El sumario es un desfile protagonizado por quienes oscilan entre la realidad y la ficción: El Vaquilla, El Torete, El Lute, El Pera, la mafia policial, la Dulce Neus… Sus casos nos invitan a reflexionar sobre la convivencia de la ficción con unos referentes inmediatos. La nota común es la voluntad de adentrarnos en una época que, como afirmara una serie televisiva de Pedro Costa, La huella del crimen, también se conoce por sus delitos y quienes los protagonizaron. Esta cara oscura, tremenda y preocupante de la Transición se suma a otros trabajos que cuestionan la imagen oficiosa de un período donde todo parecía posible. El vacío era notable y las respuestas se improvisaron en un país sujeto a una herencia de mediocridad, que perduró cuando la faceta represiva del franquismo empezaba a formar parte de la Historia.

Javier Cercas ha manifestado que la vuelta a este período nunca debe provocar añoranza. El novelista aporta razones para evitar una reacción entre lo inútil y lo cursi. Su lucidez de observador nos ayuda a plantear nuevas preguntas sobre una época de cambios, apasionante por su inestabilidad y sorprendente porque la normalidad todavía suponía una apuesta. El riesgo era notable y, visto de manera retrospectiva, asombra el resultado, aunque el mismo aparezca con las contradicciones puestas de relieve por la generación que vivió la Transición en la escuela, sin el protagonismo de quienes permanecen aferrados a una visión demasiado complaciente. La improvisación tiende a convertirse en permanencia cuando entran en juego los intereses del poder. La actitud de estos protagonistas de la Transición y de quienes comparten su hegemonía ha bloqueado un análisis imprescindible para comprender el actual y lamentable final de época, que el discurso oficial presenta como una crisis económica cuyos orígenes sólo responden a la fuerza del destino. Y, por supuesto, siempre hay un culpable más allá de las fronteras, sean las vigentes o las pretendidas por los nacionalistas.

Las preguntas sobre el pasado nos acaban conduciendo al presente. El juego entre la memoria y la ficción, peligroso si desconocemos las reglas, contribuye a proporcionar motivos para que esa indagación alumbre nuestra realidad. La única respuesta válida es la necesidad de plantear preguntas, de cuestionar una Historia convertida en una ficción mediocre, consoladora y con un desenlace al gusto de la mayoría. La alternativa inquieta, pero resulta tan apasionante como los relatos protagonizados por los quinquis, maderos y picoletos en una España donde nada estaba escrito; ni siquiera el futuro.

(Introducción del autor, Juan Antonio Ríos Carratalá, catedrático de Literatura de la Universidad de Alicante)

 

ÍNDICE DEL LIBRO

Introducción. 7

El quinqui que leyó a Michel Foucault. 11

.La memoria y la ficción. 11

.La ficción de la realidad: el universo quinqui. 22

.El cine quinqui . 34

.El western de los suburbios . 44

.La seducción de la portada. 65

.La trastienda del mito . 71

.Novela generacional y corrección política. 90

.Un momento clave. 97

.Un recuerdo contrapuesto. 100

El Lute se quitaba las esposas con un alfiler. 113

.Recuerdos y contrastes. 113

.Los quinquis del franquismo . 115

.La popularidad de El Lute . 122

.La rentabilidad del mito . 127

.La adaptación cinematográfica de las memorias. 136

.Un domingo de 1973. 147

Stunt Drivers by el Pera. 151

.Un conductor precoz. 151

.Una película entre amigos. 165

La otra cara de la moneda . 175

.Dos casos y un mismo síntoma . 175

.El caso Almería. 185

.La ficción al rescate de la realidad. 205

.Oportunismo y temor en torno al caso de el Nani. 213

.Un empeño meritorio, pero inviable. 226

.El drama y lo chusco. 233

Epílogo: Donde muchos acaban juntos y revueltos. 239

.Cine y actualidad delictiva: un nuevo filón. 239

.El honor a la sombra del tapango oriental . 244

.Ni culpable ni inocente, sino todo lo contrario . 265

Bibliografía. 270

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