.

LOS CASOS DE VICTORIA

Escrito por Diego Salgado
  • Producción
    Ecce Films (Francia, 2016)
  • Dirección
    Justine Triet
  • Guión
    Justine Triet
  • Fotografía
    Simon Beaufils
  • Montaje
    Laurent Sénéchal
  • Distribuidora
    La Aventura Audiovisual
  • Estreno
    01 Septiembre 2018
  • Duración
    97 min.
  • Intérpretes
    Laure Calamy, Virginie Efira, Vincent Lacoste, Emmanuelle Lanfray, Laurent Poitrenaux, Melvil Poupaud

victoria2Comedia francesa con aspiraciones discursivas fallidas.

A estas alturas, resulta obvio que la tercera ola del feminismo, gestada en los años noventa del siglo pasado, ha logrado permear la esfera pública occidental, lo que ha tenido correlato inevitable en la práctica de lo artístico. El fenómeno puede considerarse a grandes rasgos muy positivo, al acarrear un cuestionamiento obligado de las estructuras de poder, así como un reconocimiento de la complejidad y la insuficiencia de lo establecido hasta la fecha como mujer por el sistema. Pero, en paralelo, el miedo generalizado a poner pegas a este proceso, ha dado alas a una histeria colectiva, fermentada mayormente en internet, que ha sustentado su legitimación en la crisis económica y la falta de oportunidades, pero, también, en la incultura y la prepotencia, el ansia de notoriedad, el mero oportunismo. El efecto de todo ello, una confusión discursiva notable, y una falta evidente de autoexigencia a la hora de afrontar la creación y su crítica desde perspectivas feministas.

Los casos de Victoria, nueva realización de la guionista y directora francesa Justine Triet (1978), es muestra inmejorable de la ausencia de rigor señalada. Tras iniciar su carrera en el campo de la no ficción, Triet obtuvo cierta repercusión en su país natal con la tragicomedia La bataille de Solférino (2013), plasmación de las desventuras de una periodista que cubría en mayo de 2012 la victoria electoral del anterior presidente francés François Hollande. En La bataille de Solférino, Triet seguía apelando en parte al formato documental para diluir toda barrera entre los escenarios de lo privado y lo público. Su objetivo, poner de manifiesto los retos y las incongruencias que trae aparejado actualmente presumir de banderas ideológicas y, al mismo tiempo, hacer de la propia vida una forma de compromiso político con la realidad. Aquel filme fue reconocido por la Academia de Cine galo con una nominación al premio César a la mejor ópera prima, una minucia en comparación a lo que ha sucedido con el que ahora nos ocupa: cinco candidaturas a los César incluyendo la correspondiente a la mejor producción del año, el éxito en la taquilla local, y su programación en la Semana de la Crítica de la LXIX edición del Festival de Cannes, estrategia que probablemente ha contribuido a otorgarle a la película más crédito del que merece.

Ostenta varias similitudes con La bataille de Solférino, aunque se halla mucho más codificada como ficción. La autora ha confiado el protagonismo de la historia a la actriz Virginie Efira, popular gracias a títulos como 20 años no importan (2013) y Pastel de pera con lavanda (2015). Es una manera seductora de transmitir sus inquietudes y, a la vez, de cuestionar las expectativas del espectador en lo relativo a géneros como el romance y la comedia de costumbres. En esta ocasión, la mujer de cuyos combates cotidianos nos hace partícipes Triet es Victoria, una abogada penalista separada y con dos hijas, que acepta defender a un amigo acusado de apuñalar a su pareja. Por otro lado, la letrada se enfrasca como demandante en un juicio contra su exmarido, que ha ganado celebridad literaria a base de explotar en un blog las intimidades de la relación sentimental que mantuvo con ella. Como se aprecia, de nuevo el solapamiento de la privacidad y la imagen pública, la dificultad de conciliar uno y otro ámbito, las tensiones entre los requerimientos de lo colectivo y los sentimientos y emociones individuales. Y, de nuevo también, una cierta apariencia de aturdimiento, de inmediatez, en lo narrado, que aspira a servir como reflejo de una sociedad presa de la inestabilidad.

La gran paradoja estriba en que Los casos de Victoria se delata incapaz de sublimar cinematográficamente dicha inestabilidad, constituyéndose ella misma en producto, no revelador, sino sintomático, de un cierto estado de las cosas; una obra equiparable menos a una ficción, que a un libro de autoayuda o un reportaje de tendencias debido a becarias adictas a soflamas vacuas en redes sociales sobre el heteropatriarcado y el feminismo. Una película caótica, tanto a nivel reflexivo como formal, empezando por su personaje principal; según algunos, una superheroína cautivadora, en realidad una variación apenas sofisticada de la fémina inmadura, narcisista y neurótica reiterada en la gran pantalla, abocada a la catástrofe si no dispone a su vera de un hombre comprensivo. Sin olvidar las embrolladas lecturas extraíbles de los litigios en que se embarca Victoria, tendentes a puestas en escena estrafalarias a fin de eludir compromisos enojosos con sus argumentos de fondo: las dinámicas del maltrato en la pareja, el empleo misógino de la sexualidad de la mujer como arma arrojadiza… y concluyendo con un aparato audiovisual mediocre, de lo que da cuenta paradigmática el vínculo que establecen la abogada y el au pair de sus hijas, Samuel (Vincent Lacoste). Lo que sucederá entre Victoria y el joven es previsible desde el primer momento, y se desarrolla de la peor manera posible, en especial durante una secuencia de sexo digna de cualquier subproducto erótico italiano de los años setenta.

Ante este panorama, que completa el que haya sido distribuida internacionalmente con un título tan improcedente, cínico, como In Bed with Victoria (En la cama con Victoria), hablar como se ha hecho de propuesta feminista, o, sin más, de retrato empoderante de mujer y fórmulas semejantes, induce a la perplejidad. Deja en evidencia, como apuntábamos al comienzo, la frivolidad con que se abordan e interpretan hoy por hoy temas de trascendencia innegable, con lo que ello implica en cuanto a la distorsión de su calado social. Sin ir más lejos, durante su presencia en el Festival de Cannes, Justine Triet afirmaba que “Los casos de Victoria es obra de una mujer, y eso representa en sí mismo un enfoque feminista”. Una premisa falaz que se empeñan en denunciar una y otra vez con crueldad las imágenes de su segunda película.

Utilizamos cookies propias y de terceros con el fin de mejorar la experiencia del usuario. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.
Ver política de cookies.