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ANA, MON AMOUR

Escrito por Rubén de la Prida
  • Producción
    Parada Film / Augenschein Filmproduktion / Sophie Dulac Productions (Rumanía, 2017)
  • Dirección
    C?lin Peter Netzer
  • Guión
    C?lin Peter Netzer, Cezar Paul B?descu, Iulia Lumânare
  • Fotografía
    Andrei Butic?
  • Montaje
    Dana Bunescu
  • Distribuidora
    Golem
  • Estreno
    25 Agosto 2017
  • Duración
    127 min.
  • Intérpretes
    Mircea Postelnicu, Diana Cavallioti, Carmen Tanase, Vasile Muraru, Adrian Titieni, Tania Popa, Igor Caras-Romanov, Ionut Caras, Ioana Flora, Vlad Ivanov, Elena Voineag, Razvan Vasilescu, Irina Noaptes, Meda Andreea Victor, Iulia Lumânare, Anghel Damian

ana2La tragedia de la incapacidad relacional.                   

Una persona adorable aparece de repente. Entabla conversación. Acaso pide algo. Buenos modales, una sonrisa ancha. Apenas pasado un rato, en el ambiente se comienza a respirar algo extraño. Los requerimientos pasan a ser órdenes, cada vez más duras. Los gestos amables, muecas repulsivas. Y aquel primer encuentro se transforma en poco tiempo en un juego perverso en el que una de las partes, sin faltar nunca la buena apariencia, domina a la otra y la tortura. Este esquema deshumanizado, descrito con inolvidable maestría por el genio de Michael Haneke en Funny Games (1997) subyace de vez en cuando en relaciones laborales, familiares, sociales y de pareja. Bajo una apariencia de bondad, alguien se introduce en la vida del otro con el objetivo de servirse de él para sus intereses. Y una vez allí, efectúa destrozos por doquier. Sin duda, el plus de peligrosidad vital se da cuando esta estructura relacional hace presente en el marco de un vínculo afectivo. En ese caso, los daños pueden llegar a ser existenciales, como muestra, con su hiperrealista crudeza, Ana mon amour.

La cinta, del realizador rumano ?alin Peter Netzer constituye la descarnada radiografía de una relación patológica, establecida entre un supuesto buen samaritano (Mircea Postelnicu) y una mujer rota (magnífica, Diana Cavallioti). La cámara no se ahorra nada, todo se muestra, desde los momentos más íntimos hasta los más salvajes; escenas de un matrimonio, en todas sus fases desde su preludio, a lo largo de algo más de un lustro. En su estructura, que se centra de modo desordenado en el tiempo en momentos decisivos de la relación, la película recuerda mucho a Desando amar (Wong Kar-Wai, 2000), de la que viene a ser como una antítesis. Toda la elegancia de formas y la estética estilizada de aquella se invierten en Ana mon amour. Se hace uso aquí de una puesta en escena austera, que no embellece nada, es más, que se pierde de cuando en cuando en imágenes explícitamente desagradables, cuyo uso es cuestionable, pero que sin duda transmiten al espectador el malestar profundo de una relación amorosa constituida por por dos egoísmos que se devoran, en los antípodas de dos amores que se acogen mutuamente, convergiendo en armonía.

No sorprende que la película ganase un Oso de Plata al mejor guion en la pasada Berlinale. No solo por la brillantez con que se ejecuta el desorden temporal de los fragmentos narrados, que obedece a un bien pensado orden emocional. Acaso, sobre todo, porque Netzer da cuenta de una epidemia contemporánea, de eso que los germanos llaman “la generación incapaz para las relaciones”: una generación caracterizada por la creciente dificultad para establecer vínculos sólidos, satisfactorios y duraderos. Es indudable que se toma bien el pulso a nuestros días. Pero es de lamentar que no haya en todo el metraje ni un poco de luz en medio del dolor, ni un poco de aire en medio de la angustia, ni un poco de eso, tan necesario y tan verdadero, que se llama esperanza.

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