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CAPTAIN FANTASTIC

Escrito por Diego Salgado
  • Producción
    Electric City Entertainment / ShivHans Pictures (EE.UU., 2016)
  • Dirección
    Matt Ross
  • Guión
    Matt Ross
  • Fotografía
    Stéphane Fontaine
  • Música
    Alex Somers
  • Montaje
    Joseph Kings
  • Distribuidora
    eOne Films
  • Estreno
    23 Septiembre 2016
  • Duración
    118 min.
  • Intérpretes
    Viggo Mortensen, Missi Pyle, Kathryn Hahn, George MacKay, Steve Zahn, Hannah Horton, Trin Miller, Samantha Isler, Annalise Basso, Nicholas Hamilton, Ann Dowd, Shree Crooks, Erin Moriarty, Charlie Shotwell, Frank Langella

captain2Road movie de tintes críticos con el sistema.

A pesar de que, para quien esto escribe, Viggo Mortensen es un actor de registros limitados, no hay duda de que su trayectoria como intérprete hace gala de una coherencia artística e ideológica inusual. La mayor parte de los papeles que escoge corresponden a personajes angustiados por el ámbito en el que les ha tocado existir, lo que les hace víctimas de todo tipo de dudas morales; caracteres tendentes al aislamiento, consecuencia de su desagrado hacia lo que les rodea y de sus intentos por luchar contra sus propios condicionamientos psicológicos; personas, en definitiva, empeñadas en librar batallas quijotescas de fuste más o menos noble contra los imperativos colectivos. Como demuestran, por citar solo un puñado de títulos recientes que ha protagonizado, Todos tenemos un plan (2012), Jauja (2014) o Lejos de los hombres (2014), Mortensen es un caso evidente de actor/autor, y Captain Fantastic vuelve a dar muestra cumplida de ello.

La película constituye la segunda como guionista y director de Matt Ross, artífice previo de dos cortometrajes y un primer largo de muy poco alcance crítico y popular –28 Hotel Rooms (2012)–, amén de prolífico actor secundario para el cine y la televisión. Resulta curioso que Ross atesore tan poca experiencia tras la cámara, porque, con todos sus defectos, Captain Fantastic es una propuesta, no solo sugerente, llena de apuntes agudos sobre el precio de las elecciones vitales y los valores que rigen hoy por hoy Occidente, sino también realizada con un aplomo considerable. La historia imaginada por Ross gira en torno a Ben Cash (Mortensen), un hombre que, junto a su mujer, Leslie, ha criado a sus seis hijos de espaldas a la sociedad estadounidense, en un orden en el que han fundido sus perfiles la comuna libertaria, un régimen monástico de meditación y estudio, y la milicia paramilitar. El desencadenante del drama es la muerte de Leslie, en un momento además en que varios de los hijos de la pareja empiezan a sentir las turbulencias de la pubertad; Ben se verá obligado a adentrarse de nuevo, esta vez con sus retoños, en un mundo que ha despreciado durante años y cuyas peculiaridades les son ajenas a él y a los suyos.

Recogiendo el legado de todo un acervo de referentes literarios y cinematográficos centrados en las herencias espirituales de Henry David Thoreau y los movimientos contraculturales, Ross hace de Captain Fantastic una road movie iniciática, que deja al descubierto las miserias de un capitalismo que ha logrado barrer con cualquier paradigma moral que impida su perpetuación, y que, a la vez, se atreve a cuestionar la validez de modos de vida alternativos que, en la práctica, suponen una forma suicida de alienación, una manera tan cobarde como cualquier otra de soslayar las exigencias de lo real. Las paradas en el largo trayecto que lleva a cabo en un autobús destartalado el clan Cash con el objetivo de asistir al entierro de Leslie –que, en los últimos estadios de su enfermedad, había sido acogida por su conservadora familia natal–, no se constituyen, pues, en meras viñetas ilustrativas de los evidentes afanes dialécticos de Matt Ross; por el contrario, abordan, con los modos de la mejor ficción, los efectos que tienen esas especulaciones abstractas en las vidas y las responsabilidades de los individuos.

Hay, como habíamos adelantado, algunos aspectos problemáticos en la cinta: el recurso maniqueo a que los padres de Lelie sean pudientes y, por tanto, no les suponga ningún problema tentar a Ben con la oferta de ocuparse de sus hijos en un ambiente privilegiado; y, en especial, una larga coda –una vez todo ha hecho pensar que el relato ha concluido– que llega a rozar la autoparodia en sus efluvios utópicos, y que atenta contra el ritmo y el tono esgrimidos hasta entonces. En este sentido, hay un modelo evidente del filme, La costa de los mosquitos (1986), que resultaba mucho más rigurosa, hasta llegar a lo implacable, en sus conclusiones. Pero ello no quita para recomendar Captain Fantastic; una película con aspectos concretos tan destacables como las interpretaciones de Kathryn Hahn y Frank Langella y la fotografía a cargo de Stéphane Fontaine, y de sumo interés para todo aquel que se pregunte cada mañana si de verdad el mundo que nos rodea es el mejor de los posibles, si no cabe aspirar a otra cosa.

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