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NUESTRA HERMANA PEQUEÑA

Escrito por Ángel Antonio Pérez Gómez
  • Titulo Original
    Umimachi Diary (Kamakura Diary)
  • Producción
    GAGA / TV Man Union / Toho Company (Japón, 2015)
  • Dirección
    Hirokazu Koreeda
  • Guión
    Hirokazu Koreeda según el manga de Akimi Yoshida
  • Fotografía
    Mikiya Takimoto
  • Música
    Yôko Kanno
  • Montaje
    Hirokazu Koreeda
  • Distribuidora
    Golem
  • Estreno
    23 Marzo 2016
  • Duración
    128 min.
  • Intérpretes
    Haruka Ayase (Sachi Koda, la mayor), Masami Nagasawa (Yoshino Koda, la segunda), Kaho (Chika Koda, la más joven), Suzu Hirose (Suzu Asano, la hermanastra), Ryôhei Suzuki (Dr. Yasuyuki Inoue), Ryô Kase (Sakashita), Shin'ichi Tsutsumi (Dr. Kazuya Shiina), Takafumi Ikeda (Sanzo Hamada), Kentarô Sakaguchi (Tomoaki Fujii).

nuestrahermana2Fraternidad femenina

El título más exacto de esta nueva obra de Kore-eda Hirokazu debería ser Nuestra hermanastra pero el desarrollo de su argumento justifica plenamente el título que lleva en la versión internacional. Porque Suzu Asano, lejos de ser tratada como una media hermana por sus tres parientes, llega a convertirse para ellas en una verdadera hermana. Para haber nacido de un segundo matrimonio y huérfana de padre y madre, resulta ser una chica realmente modélica en su comportamiento y hasta en su insólita madurez. Ese es el único reproche que cabe hacerle a este film sobre la fraternidad femenina, inspirado en un manga, y que rebosa bondad, armonía, comprensión y hasta un leve y grácil sentido del humor. Aspectos demasiado positivos en un panorama cinematográfico en el que imperan villanos, violencia, trastornos y carencias de todo tipo, personajes atormentados o cargados de las peores pasiones.

En esta nueva película de Hirokazu sobre la familia, tema omnipresente en toda su filmografía, vuelve a presentarnos a ésta como un reducto de paz y como recinto de una convivencia que mejora a las personas, que presta mutuo cuidado y atención, y que da una gran importancia a la comensalidad, es decir, al hecho de compartir mesa y mantel. Las cuatro chicas disfrutan comiendo y casi todas las escenas de la película tienen que ver con el alimento compartido sea con amigos, compañeros de trabajo o escuela, en el hogar o en la casa de comidas cercana donde oficia una extraordinaria cocinera que a su vez disfruta dando placer gastronómico a sus clientes. Más aún, el licor de ciruelas que fabrican las hermanas con la receta de la abuela gracias a un añoso frutal del jardín se convierte en símbolo, con sus diferentes añadas, del tronco familiar y de una tradición que pervive en los descendientes y en ese altarcito doméstico consagrado a sus antepasados.

La vivienda, una hermosa y vetusta casona de dos pisos, con gran jardín circundante, que no podría sostenerse en Tokio, pero sí en Kamakura, un pueblo marinero a unos cincuenta kilómetros de la capital, resume y condensa la unidad familiar. De ella se han autoexcluido los tránsfugas, el padre con su nueva mujer y la madre que también se marchó con otra pareja. Los abuelos cuidaron de las tres muchachas y ellas, por su parte, atienden ahora a la pequeña hermanastra. Lugar de alegrías y penas, es el escenario en el que se celebra con fuegos artificiales la hermandad femenina que se ha establecido entre ellas y no sólo con lazos de sangre.

Pero no todo es felicidad. La muerte está presente de numerosas formas. El film empieza con la muerte del padre, pero hay diversas ceremonias fúnebres a lo largo del relato. Sachi, la mayor, que es enfermera, recibe el encargo de dirigir la Unidad de Cuidados Paliativos en el hospital donde trabaja. Allí atenderá a la cocinera de que hemos hablado, que a pesar de saberse en trance de muerte, sigue preparando sus especialidades para disfrute de sus parroquianos. Tanto Suzu como Sachi rinden homenaje a su padre común visitando su observatorio preferido tanto en Sakura (campiña) como en Kamakura (mar). Las cuatro han sufrido la ausencia de la madre propia (por abandono o fallecimiento) y no han sido educadas por sus padres biológicos.

Las cuatro chicas tienen relaciones amorosas aunque, en general, poco satisfactorias. La mayor, con un médico casado del hospital, que le plantea marcharse con él a EEUU dejando atrás mujer e hijos. Sachi acaba por darse cuenta de que está haciendo con su amante lo mismo que le reprochan a la segunda esposa de su padre, seducirlo y alejarlo de su familia. Yoshino, por su parte, es la más sexy de las hermanas y le gusta hacer gala de ello. En su trabajo se siente frustrada porque es empleada de un banco que no piensa en las pequeñas tragedias de la gente sencilla a la que se presta dinero o pide créditos a cuya devolución no podrá hacer frente. El amor de Chika es un exmontañero que sigue soñando con las cumbres en vez de sentar cabeza.

Por último, la misma Suzu se deja cortejar por un compañero de escuela, que le ofrece un homenaje que condensa el vitalismo del film. La lleva en bicicleta al «túnel de la felicidad», es decir, a una avenida flanqueada por cerezos en flor que resulta una embriagante sensación de luz, color y olor. La vida se impone por encima de las desdichas y las penas. Un buen plato de boquerones frescos, una copita de licor de ciruelas, un castillo de fuegos artificiales o una fraterna cena en comandita bien vale una vida.

El que dirigió De tal padre, tal hijo vuelve a mostrarnos su extraordinario talento. Mueve a sus actores con una sobriedad de gestos que, sin embargo, resulta enormemente expresiva. Esos rostros japoneses que a veces nos aparecen como inexpresivos cobran una extraña luz interior bajo su batuta. Es realmente un digno y magistral seguidor del gran Ozu. La vida, en su cotidianidad, se convierte en espectáculo memorable y presenciamos, conscientes de ser asistentes de excepción, al desarrollo de la existencia misma en su trivialidad y, al mismo tiempo, en su grandeza. En su cine, lo habitual se convierte en extraordinario y lo insólito en banal. Nuestra hermana pequeña es una cita con la vida misma durante dos horas.

P.D. Un pequeño apunte, para terminar. A Hirokazu le encantan los trenes, como ya demostró haciéndolos objeto principal de su anterior película Milagro (2013). También aquí nos deleita con esos viejos trenes-tranvía que aparecen en el film. Alguien dijo que el tren es la más cinematográfica de las máquinas. No le faltaba razón y el cineasta japonés está más que de acuerdo con esta idea. No prescinde él en ninguna de sus películas. 

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