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LA JUVENTUD

Escrito por Pedro Miguel Lamet
  • Titulo Original
    La giovenessa (Youth)
  • Producción
    Nicola Giuliano, Francesca Cima, Carlotta Calori para I Indigo Film, Bis Films, Pathé, RSI C-Films, Number 9 Films, Medusa Film, Barbary Films, France 2 Cinéma, Film4 (Italia, Suiza, Francia, Reino Unido, 2015)
  • Dirección
    Paolo Sorrentino
  • Guión
    Paolo Sorrentino
  • Fotografía
    Luca Bigazzi
  • Música
    David Lang
  • Montaje
    Cristiano Travaglioli
  • Distribuidora
    Emon
  • Estreno
    22 Enero 2016
  • Duración
    123 min.
  • Intérpretes
    Michael Caine (Fred Ballinger), Harvey Keitel (Mick Boyle). Rachel Weisz (LenaBallinger), Paul Dano (Jimmy Tree). Jane Fonda (Brenda Morel), Mark Kozelek (él mismo).

juventud2Ampulosa y esteticista meditación sobre la juventud y el arte

En contra de lo que se ha afirmado La juventud no es una reflexión sobre la juventud contemplada desde la ancianidad, sino una mirada sobre la juventud del alma que aporta la contemplación estética. Dos octogenarios colegas, ambos  representantes de la creación artística, se dan cita en el universo cerrado de un balneario suizo de lujo. Uno, Fred Ballinge, interpretado por el inigualable Michael Caine, es un director de orquesta y compositor retirado, al que emisarios de la Reina de Inglaterra demandan que dirija en el Backingham Palace su obra favorita para el cumpleaños del príncipe Felipe. El músico se niega en principio porque ya no lo puede llevar a cabo con su intérprete querida, su propia esposa. El otro anciano, Mick Boyle (Harvey Keitel), es un director de cine en decadencia que intenta con su equipo dar los últimos toques a una película que sería su canto del cisne, “El último día de la vida”. Pero su vieja actriz preferida, Brenda Morel, a la que da vida Jane Fonda, se niega a interpretar al película.

 Hay una trama secundaria basada en la frustración amorosa de la hija del compositor, cuyo marido se ha fugado con una cantante pop, y una serie de personajes-símbolo, celebridades que también se hospedan en el hotel: un actor que prepara un personaje para su futura película, la actual Miss Universo a la que ha tocado en suerte tal hospedaje, y una caricatura de Maradona en su fase más decadente. El hotel es un microuniverso en el que nada pasa, entre baños de spa y masajes, como si fuera el lugar idóneo para cada uno de los derrotados personajes que afrontan el silencio de un tiempo detenido.

Después de La gran belleza todos los ojos estaban pendientes de la nueva película de Paolo Sorrentino. El público, como la crítica, se ha expresado de forma contradictoria. Ya en Cannes despertó tantos aplausos como abucheos. Mi opinión se sitúa entre los dos extremos: nadie puede negar a Sorrentino talento, imaginación, ruptura icónica y, sobre todo, un cuidado tratamiento de la imagen preciosista que le sitúa entre los más inteligentes realizadores italianos del momento. Pero, al mismo tiempo, este realizador, en la herencia de Fellini y Antonioni, se queda en la cáscara de su propia belleza, se anega en su barroquismo. Escenas sublimes, como cuando el músico dirige entre vacas los sonidos de la Naturaleza, se mezclan con intentos de diálogos profundos sobre el olvido en la vejez o el amor, que se resuelven, como el conjunto de la película, en el vacío y el cinismo más decepcionante, aunque hay una cierta redención lírica de la apatía británica del protagonista. 

Lo mismo se puede decir de las incrustaciones de índole surrealista, como el videoclip de Paloma Faith, y otras escenas brillantes en su factura, pero que no contribuyen al resultado total. La película produce la sensación de un puzle con bellas piezas que no acaban de encajar entre sí, versos sueltos que no componen un poema completo, fogonazos de inspiración que no alcanzan la obra de arte. Porque, con la mezcla de esos componentes, en los que incluso no falta el humor, por ejemplo la pareja que no se habla en el comedor, Sorrentino resulta ampuloso, arrogante, con una descarada intención de realizar “la obra maestra”. Pero no logra sino una prolongación devaluada de La gran belleza. Si en esta, el tema era la decadencia de la alta sociedad italiana, réplica de La dolce vita, en La juventud reflexiona sobre la creación artística en homenaje a Ocho y medio. La gran diferencia entre Sorrentino y Fellini, es que al primero le puede la forma y una actitud cínica de la vida, mientras que Fellini antes de sus grandes sátiras aprendió a ras del suelo en la humilde escuela del neorrealismo lo que le hace único y genial en la historia del cine.

 

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