.

REGRESIÓN

Escrito por Ignacio Lasierra
  • Titulo Original
    Regression
  • Producción
    MOD / Himenóptero / First Generation Films / Telecinco. España-Canadá. 2015.
  • Dirección
    Alejandro Amenábar
  • Guión
    Alejandro Amenábar
  • Fotografía
    Daniel Aranyó
  • Música
    Roque Baños
  • Montaje
    Carolina Martínez Urbina
  • Distribuidora
    Universal
  • Estreno
    03 Octubre 2015
  • Duración
    106 min.
  • Intérpretes
    Ethan Hawke, Emma Watson, David Thewlis, Devon Bostick, David Dencik, Lothaire Bluteau.

regresionThriller rodado con conocimiento del género pero sin emoción 

Stanley Kubrick decía que lo peor que puede hacer un director es espaciar mucho el tiempo entre una película y otra. Eso provoca que el público tenga las expectativas muy altas, lo cual también suele conducir con mayor rapidez a la decepción. Un cineasta como Alejandro Amenábar es sinónimo de expectativas altas. Lo es, porque desde que debutara como director hace 19 años, solo se ha embarcado en seis películas, dejando entre ellas, al menos, un par de películas de género imborrables y otras tantas de sobresaliente. Siempre cuestionado y con solo cinco títulos, Amenábar ha demostrado ser un perfecto conocedor del medio cinematográfico (como pocos en cuanto al uso del lenguaje audiovisual se refiere), un ingeniero absoluto que piensa por y para el espectador, ganándose de esa forma el apoyo del público que arropa masivamente cada uno de sus estrenos. Pues bien, resulta difícil valorar Regresión sin atender a todos estos factores, que bien podríamos llamar factores “efecto Amenábar”, lo cual lleva a los medios de comunicación, al público y especialmente, a la crítica cinematográfica, a mirar con especial atención, cada película que rueda el director de origen chileno.

            Regresion, rodada con un presupuesto de unos 20 millones de euros, es la sexta película de Alejandro Amenábar. Al igual que Tesis, en esta ocasión el género predominante es el thriller, donde el director ya había demostrado sobrado dominio. Al igual que Ágora, se ha rodado fuera de las fronteras españolas, esta vez en Canadá, yexamina el conflicto entre la fe y la razón, entre lo que uno puede o quiere creer y el conocimiento racional más puro. Al igual que Los otros, está escrita solo por él, sin la colaboración de Mateo Gil, guionista y director con quien Amenábar ha coescrito el resto de su filmografía. De todo lo ofrecido en esta película que no pasara a los anales de los mejores thrillers de la década, esta es sin duda la mejor noticia: la coherencia temática explorada por Amenábar, que siguiendo la línea de Los otros, de Mar adentro y de Ágora, parece interesado en abordar el conflicto fe/razón desde su esencia más pura. En esta ocasión a través de un protagonista, puramente agnóstico, que como reza otro personaje: “quiere creer, pero no puede”. Este policía de Minessota, interpretado por un convincente Ethan Hawke, está encargado de investigar un supuesto caso de abusos sexuales, en el que Ángela (Emma Watson), ha sido utilizada por una familia que puede pertenecer a una secta religiosa que adora al diablo. Esoterismo y religión de por medio para resolver el caso, Bruce cuenta con la ayuda de un psicólogo, que afirma creer en la ciencia, pero que se basa en la técnica de regresión, una especie de hipnosis que sirve para que los implicados puedan exteriorizar los pensamientos reprimidos en su cerebro, de forma que el policía pueda utilizar esas imágenes para resolver un caso mayor al esperado.

Este personaje agnóstico, no tiene la determinación atea de Ramón Sampedro en Mar adentro, sino más bien el agnosticismo propio de Hypatia en Agora, quien no podía creer en nada, porque como afirmaba el personaje, eso le impediría hallar la verdad. Ahora, en Regresión, Amenábar solo deja que su policía protagonista vislumbre una posible solución al caso cuando sus preceptos dejan de confiar en lo extraño, para ordenar todo desde el ámbito más empírico, desconfiando de cualquier aspecto que uno mismo no pueda explicar desde su razón. Y en ese sentido, el punto de vista de Amenábar, tal y como sucedía en Los otros y en Agora, parece bastante claro: la fe en lo desconocido (sin entrar aquí en innecesarios y ridículos debates religiosos), impide el avance hacia cualquier forma de conocimiento verdadero. Tal parece la obstinación de Alejandro Amenábar por explorar a fondo el terreno entre lo empírico y lo ferviente que, más allá del planteamiento temático e indudable dominio que el director sigue demostrando sobre el medio cinematográfico, la película padece de una deficiente capacidad para transmitir cualquier tipo de emoción, que no para mantener en todo momento la atención del espectador. Algo que en películas anteriores del director no sucedía. No parece este un thriller muy pensado para recordar, puesto que está cargado de convencionalismos, lugares comunes (policía que no concilia el sueño con el caso, llamadas en medio de la noche y hasta cajita de música con bailarina en la habitación de la víctima) y personajes que no logran despegarse del estereotipo en ningún momento. Lo cual no ayuda a la hora de transmitir emociones. Regresión, es por tanto, un relato excesivamente hermético, que se deja ver con agrado gracias a la buena atmósfera creada y al exquisito empaque técnico, pero que no traspasa en ningún momento la barrera de lo emocional.

Al igual que en Tesis, Amenábar mantiene firme el pulso a la hora de generar preguntas a partir de múltiples red herrings o falsas pistas, propias de este género para al final, ir ordenando el rompecabezas. Y pese a que el transcurso es interesante, el final de la historia no solo no está a la altura, sino que en un atropellado tercer acto, Amenábar incurre en rizar el rizo de forma brusca, diríamos que hasta tramposa, pero sobre todo, falta de cualquier sutilidad. Hallada la revelación final, el supuesto secreto (que en realidad no lo es tanto), la sensación que uno puede tener es la de sentirse manipulado. Y no se equivocarán en ello. Porque esa manipulación empieza desde el inicio, con un rótulo que ya condiciona al espectador a mirar bajo un prisma muy determinado: el de las sectas satánicas como elemento presente. Es por tanto el final, un tanto ilusorio, vacío, insulso si ustedes quieren. Al fin y al cabo, decepcionante.

Sigue sorprendiendo la innata capacidad de Amenábar para generar tensión. Hay momentos que recuerdan a La semilla del diablo, otros a la puesta en escena de El exorcista. Pero esta vez, a diferencia de Los otros, el director no deja mucho lugar a la sugestión y se decanta por mostrar en exceso y por hacerlo todo el tiempo. Incluso cae en la repetición (los sueños del protagonista) y también en el recurrido susto provocado por la subida repentina de sonido al más puro estilo James Wan (atención a la secuencia de la abuela entrando en la cabaña). Este no es un thriller que vayamos a recordar como otros recientes, puesto que no tiene ni la firmeza narrativa de Prisioneros (2013), ni la personalidad y el análisis sociológico que encontrábamos en Pérdida (2014). Tampoco es una película de terror de esas que dejen huella porque todo suena a algo visto anteriormente. No estamos ante una mala película, pero tampoco ante una que vayamos a recordar. Regresión, más allá de confirmar la coherencia por ciertos temas presentes en la filmografía del director,  no logra emocionar como sí lo hacían sus obras de género anteriores y acaba decepcionando. Bien mirado, a Kubrick, tampoco le faltaba razón.

Utilizamos cookies propias y de terceros con el fin de mejorar la experiencia del usuario. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.
Ver política de cookies.