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HEIMAT, LA OTRA TIERRA

Escrito por Francisco M. Benavent
  • Titulo Original
    Die andere heimat. 1.- Chronik einer sehnsucht. 2.- Die Auswanderung
  • Producción
    Christian Reitz, Margaret Ménégoz para Edgar Reitz Filmproduktion-ERF (Muniche)/ Les Films du Losange (París) con el apoyo de ARD Degeto Film/ Bayerischer Rundfunk-BR/ Westdeutscher Rundfunk-WDR/ Arte Grand Accord Arte France Cinéma (Alemania-Francia, 2013).
  • Dirección
    Edgar Reitz
  • Guión
    Edgar Reitz, Gert Heidenreich
  • Fotografía
    Gernot Roll, Michael Praun (B/N).
  • Música
    Michael Riessler.
  • Montaje
    Uwe Klimmeck
  • Estreno
    18 Septiembre 2015
  • Duración
    226 min.
  • Intérpretes
    Jan Dieter Schneider (Jakob Simon), Antonia Bill (Jettchen Niem), Maximilian Scheidt (Gustav Simon), Marita Breuer (Margarethe Simon), Rüdiger Kriese (Johann Simon), Philine Lembeck (Florinchen Morsch), Werner Herzog (Alexander von Humboldt), Mélanie Fouché (Lena Zeitz), Eva Zeidler (Edwig Simon), Reinhard Paulus (Unkel), Barbara Philipp (Frau Niem), Christoph Luser (Franz Olm), Rainer Kühn (Dr. Zwirner), Andreas Külzer (Pfarrer Wiegand), Julia Prochnow (Hebamme Sophie), Martin Haberscheidt (Fürchtegott Niem), Dettmer Fischbeck (Nachbar Nauert), Klaus Meininger (Lehrer), Jan Peter Nowak (Morsch Bruder), Johannes Große (Morsch Bruder), Konstantin Buchholz (Junger Baron), Martin Schleimer (Walter Zeitz), Zoé Wolf (Margotchen), Werner Klockner (Gastwirt), Jeroen Perceval (Auswanderungswerber), Jürgen Thelen (Auswanderungswerber), Annette Grings-Doffing (Nachbarin), Astrid Roth (Nachbarin), Benjamin Krämer-Jenster (Schellenmann).

heimat2Episodios nacionales sobre la convulsa Alemania del siglo XX

            El nombre del germano Edgar Reitz (Morbach, 1932) siempre estará asociado a su famosa trilogía Heimat (1984, 1993 y 2004), voz traducible por terruño o tierra natal, en el sentido nostálgico de la casa solariega de la que uno se ha marchado, diferente al más administrativo de región que tiene "Vaterland". Realizada con notable calidad para la televisión pública ARD, esta obra magna a la que Reitz ha dedicado media vida anuda una suerte de episodios nacionales sobre la convulsa Alemania del siglo XX, mezclando la pequeña y la gran historia del país por medio de una saga familiar en la que puso muchos de sus recuerdos.

Sumando más de cincuenta y dos horas, la trilogía se compone de Heimat-Eine deutsche Chronik [Heimat-Una crónica alemana] (1984), once episodios que retrataban el periodo de 1919 a 1982; Die zweite Heimat-Chronik einer Jugend [La segunda Heimat-Crónica de una generación] (1992), cuyos trece capítulos incidían en los ambientes artísticos de la Munich de los sesenta, y Heimat 3-Chronik einer Zeitenwende [Heimat 3-Crónica de unos tiempos cambiantes] (2004), otros seis sobre la Alemania reunificada de 1989 a 2000. A ellos puede añadirse Heimat-Fragmente: Die Frauen [Heimat-Fragmentos: las mujeres] (2006), una coda donde se reunieron diversas escenas descartadas sobre las mujeres de la familia Simon. La emisión de la serie, en particular la "primera temporada", supuso un tremendo fenómeno social. Los germanos, arrastrando siempre la mala conciencia de su pasado histórico, encontraron en aquel relato de la Alemania rural (donde los desmanes del nazismo estuvieron más lejanos y atenuados) un cierto bálsamo colectivo, la descripción de otra realidad más confortable y menos oscura que también existió. Reitz recibió algunas críticas por ello, al considerarse su memoria demasiado bucólica y selectiva; pero por ejemplo Stanley Kubrick quedó impresionado -"I’ve never seen anything like it"- y la calificó como la mejor serie que había visto nunca. Esta admiración se tradujo en que le encargara la postsincronización alemana de Eyes Wide Shut (1999).

En Heimat-La otra tierra, fruto de cuatro años de trabajos, rodada en 2012 y estrenada en el festival de Venecia 2013, Reitz ha vuelto a construir un ambicioso fresco histórico de las mismas características, centrándose en esta ocasión en la empobrecida Prusia de mediados del XIX, en concreto el periodo que va de 1842 a 1844, siendo a estos efectos una especie de precuela o preámbulo del mural anterior. Sus 226 minutos (330 duraba el primer copión), concebidos para el cine, se hallan divididos en dos partes, Chronik einer sehnsucht [Crónica de un sueño] y Die Auswanderung [El exodo], relatando los azares de la familia Simon y por extensión las duras condiciones que afrontaban para subsistir, mezclando de forma monumental todos los temas de la vida: el amor, la muerte, la traición, el trabajo, la alegría, los pesares... Al inicio del primer episodio televisivo, un joven soldado regresaba al pequeño pueblo de Schabbach una vez terminada la I Guerra Mundial, dando comienzo la serie. De nuevo en ese particular Macondo creado por el director, aquí se vuelve a las colinas y los campos desolados de Hunsrück (región renana que tras pertenecer a Francia paso en 1815 a las manos de Prusia y en la que nació el director), al mismo pueblo ficticio de Schabbach, a la herrería del padre, a las casas de madera y paja, a las gentes rústicas.

Entre ellas se halla otro joven, Jakob Simon, hijo del herrero del villorrio, en torno a cuya persona se relatan los acontecimientos. Como tantos otros alemanes y europeos en aquellos años, quiere emigrar a América. Sabe leer (a diferencia de Francia, la escolarización era obligatoria en Prusia) y se prepara empapándose con los libros y las crónicas de los aventureros, aprendiendo las lenguas vernáculas de los indios y la geografía incógnita del Nuevo Mundo. Quiere dejar atrás su patria, o lo que es lo mismo, la pobreza, las malas cosechas, la hambruna, los inviernos rigurosos, la esclavitud del trabajo en la herrería y en los campos, la tiranía de su padre y la del emperador, la opresión de los terratenientes y de la aristocracia. Al otro lado del mar está el paraíso, la "otra tierra" de Brasil, la tierra de promisión necesitada de colonos y en la que llevar una vida mejor. Su intención es partir en compañía de su amor, Jettchen, la hija del molinero. El 2 de marzo de 1843, el año del gran cometa, marca el comienzo de la segunda parte del relato, cuando tras la llegada de su hermano Gustav del servicio militar, Jakob ve cómo su vida y sus planes empiezan a venirse abajo.

La película homenajea la figura de Jakob (interpretado por un novel Jan Dieter Schneider, estudiante de Medicina en Maguncia que apareció por casualidad para ser extra), un muchacho que se ha emancipado gracias a la alfabetización, que sueña con nuevos mundos gracias a los libros, cuya imaginación es el puente hacia ese futuro prometedor. O lo que es lo mismo, la oveja negra de la familia en ese lugar perdido de campesinos y pequeños artesanos. Su personaje parece modelado a partir de los clásicos de la literatura germana del romanticismo, de los jóvenes de alma inocente -como el de "De la vida de un tunante" de Eichendorff- o los que sufren los desengaños de la vida, caso de "Las desventuras del joven Werther" de Goethe. Su idealismo es comparable al que tenían los protagonistas de los dos filmes más conocidos de Reitz, Mahlzeiten [Comidas] (1967), con la fotógrafa que perseguía la felicidad con desastrosos resultados, y El sastre de Ulm (Der Schneider von Ulm, 1979), cuando en la Bavaria de 1811 un joven se enfrenta a todos los obstáculos para hacer realidad su sueño de elevarse con su máquina voladora sobre el Danubio.

            Siguiendo los esquemas de las novelas-río -"Los Buddenbrook" de Thomas Mann, "La comedia humana" de Balzac…- o los de películas como Los emigrantes (Utvandrarna, 1971) y La nueva tierra (Nybyggarna, 1973), Novecento (1976), El manantial de las colinas (Jean de Florette/ Manon des sources, 1989) o La mejor juventud (La meglio gioventù, 2003), Heimat, la otra tierra es también la crónica de una generación desgarrada por la falta de horizontes y la emigración, que soñaba con la felicidad y la libertad, con la utopía de un mundo mejor. Capta bien l’air du temps de una época en la que todavía resuenan tras el Congreso de Viena los ecos de las guerras napoleónicas y en la que van arraigando los nuevos aires de la libertad, igualdad y fraternidad. Una época que parece a años luz de la actual, donde la rica y próspera Alemania reunificada acoge gran número de emigrantes por motivos económicos o políticos.

Reitz, uno de los firmantes del manifiesto de Oberhausen en 1962 con el que empezó el Nuevo Cine Alemán ("El cine de papá ha muerto"), consigue escenas de gran potencia, algo que ya estaba presente en la serie de televisión -los aeroplanos sobre los campos, la proyección de La vuelta al hogar (Magda) (Heimat, 1938) con la estrella Zarah Leander..- y que paradójicamente cada vez es más inusitado ver en cine. Son numerosas las que se pueden citar: la bendición de la mesa, el forzudo con las cadenas, la balsa descendiendo por el río Mosela, la muerte del tío con la moneda en su traje, la fiesta de otoño, el entierro del molinero en tierra no sagrada por haberse ahorcado, la muerte de la hija como la de tantos niños en la época, la construcción de la máquina de vapor por el padre, el saco de tierra que Florinche ofrece a los que emigran, la marcha de las carretas por los caminos, la visita del famoso explorador Alexander von Humboldt (interpretado por Werner Herzog), la madre enferma (símbolo igualmente de una tierra que no cumple con su función nutricia; Marita Breuer, la Maria Simon protagonista de la saga televisiva, es quien la encarna)…

            Siguen igualmente presentes los mismos rasgos estéticos de la producción previa para televisión, apreciándose un trabajo documentado y lleno de detalles para que el guión (escrito en colaboración con Gert Heidenreich) rezume veracidad; una realización que recuerda al lirismo del primer Terrence Malick y a la grandeza primigenia de King Vidor a la hora de recrear el paisaje y el paisanaje de la región donde Reitz nació –y a la que dedicó el documental Geschichten aus den Hunsrückdörfern [Historia de los pueblos de Hunsrück] (1981), germen de su saga-, y sobre todo una magnífica fotografía en blanco y negro (punteada con algunos detalles en color, rojos y verdes) con la que Gernot Roll consigue unas tomas en formato panorámico de notable intensidad visual, unos planos largos y profundos que captan toda la extensión de los campos neblinosos y fríos, la grisalla de unos años de plomo, envolviendo y arropando a los personajes. Ha utilizado para ello la cámara Arri Alexa Studio, a cuya sensibilidad lumínica le basta una vela para iluminar una escena, dejando muy atrás las cinco mil que Stanley Kubrick tuvo que emplear en Barry Lyndon (1975), relato que por cierto Thackeray publicó en el año de gracia de 1844. Otros filmes recientes que han indagado en el pasado europeo, como La cinta blanca (Das weisse Band, 2009) o Ida (2013), también han recurrido al blanco y negro.

            Fuera de esas estilizadas imágenes, la cinta ha buscado el realismo a la hora de recrear el vestuario (original de aquellos años en lo posible) y la dirección artística (el pueblo es un decorado construído en las inmediaciones de Gehlweiler, ya que ninguno actual había quedado incólume después de siglo y medio), realismo que igualmente se extiende a las caras de los actores elegidos, en su mayor parte gentes del lugar.

La película puede añadirse al subgénero de los Heimatfilm tan queridos por los germanos, al ver reflejados en ellos su identidad nacional, la sangre original y la relación con la tierra, valores que llevaron a su exaltación por el régimen nazi. Más de trescientos se han contabilizado en registros tan diversos como el amable de La muchacha de la foresta negra (Schwarzwaldmädel, 1950) hasta el mucho más acidulado de Leche de otoño (Herbstmilch, 1988) pasando incluso por parodias como Geierwally (1987). El "Nuevo cine alemán" volvió la espalda a esa tradición, aunque una peculiar muestra podría ser Alemania en otoño (Deutschland im Herbst, 1978), uno de cuyos episodios, Grenzstation ([Estación fronteriza]), lo firmaba el propio Reitz. Heimat 4 indaga en ese turbulento pasado de la madre patria y lo contrasta con el presente, enfrentando a los alemanes ante él para la siempre difícil tarea de asimilarlo y reconciliarse. De seguir por la misma vía, de 1844 a la I Guerra Mundial el director tiene suficiente tela que cortar para que la familia Simon siga braceando en medio de la Historia de Alemania. 

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