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SEÑOR MANGLEHORN

Escrito por José Luis Sánchez Noriega
  • Titulo Original
    Manglehorn
  • Producción
    Worldview Entertainment / Dreambridge Films / Muskat Filmed Properties (EE.UU., 2014)
  • Dirección
    David Gordon Green
  • Guión
    Paul Logan
  • Fotografía
    Tim Orr
  • Música
    Explosions in the Sky, David Wingo
  • Montaje
    Colin Patton
  • Distribuidora
    A Contracorriente Films
  • Estreno
    14 Agosto 2015
  • Duración
    97 min.
  • Intérpretes
    Al Pacino, Holly Hunter, Chris Messina, Harmony Korine, Natalie Wilemon, June Griffin Garcia, Sierra Scott, Kristin Miller White, Rebecca Franchione, Lara Shah

manglehorn2Recital de Al Pacino en la tercera edad

Ya en la tercera edad, Al(fredo James) Pacino (Nueva York, 1940) parece conjurar el vértigo del envejecimiento y del posible ostracismo al que la industria de Hollywood suele relegar a su más aplaudidos miembros aceptando todos los papeles que se le ofrecen y aprovecharlos para una exhibición de sus recursos interpretativos. Ello le ha supuesto películas mediocres que se venden por el nombre del antiguo Michael Corleone en el cartel y una presencia del actor que llega a cansar al respetable por la sobreactuación y el exhibicionismo, esto es, Pacino haciendo de Pacino. Afortunadamente, los dos últimos títulos que se han estrenado en nuestro país constituyen una excepción a esta trayectoria que ratifica la decadencia –y no sólo física- de Pacino y es paralela a la de Robert de Niro, éste con comedias facilonas que repiten los clichés asignados. En el ensayo La sombra del actor Pacino tiene la valentía de desnudarse ante la cámara y prescindir de las máscaras, al igual que hiciera en otro ensayo sobre el arte de la interpretación y el proceso de encarnación de un rol dramático, Looking for Richard (1996), una de las cuatro películas que ha dirigido el actor neoyorkino.

Angelo Manglehorn es un cerrajero anciano un tanto aislado y gruñón; emplea sus energías en el cuidado de su gata mientras parece haber perdido la sintonía con cuanto le rodea y se muestra en todo momento obsesionado con la pérdida de Clara, una mujer ausente de su vida a quien escribe cartas que le son sistemáticamente devueltas. Mantiene una relación distante con su hijo Jacob, que vive en otra ciudad y se dedica a negocios de alto nivel; y tiene como amigo a un antiguo pupilo de quien fue entrenador y que ahora regenta un club de alterne. Angelo es amable con Dawn, una empleada de banca a quien hace pequeños obsequios cada viernes que se acerca a la oficina. Ella acepta una invitación a salir y la cita se malogra, pues Angelo tiene el mal gusto de dedicarse a hablar de las virtudes de Clara… lo que Dawn interpreta como un desprecio en toda regla.

Nos llega esta pequeña pero estimable cinta de la mano de David Gordon Green, un director hasta ahora empleado en títulos de menor interés, descaradamente comerciales. La arquitectura dramática es liviana, pues más que vertebrar una historia, lo que hace, en realidad, es trazar un fresco para bosquejar la situación existencial de Angelo. Este dibujo evita los lugares comunes o cualquier previsibilidad dado el punto de partida –por ejemplo, mostrar la decadencia del anciano cada vez más aislado con riesgo de autodestrucción- para ofrecer un retrato más contradictorio, ambiguo y abierto, de manera que el espectador evite los clichés y se haga más preguntas. De ahí que se omita deliberadamente el pasado de los personajes, incluso las referencias trazadas en apunte (la identidad de Clara), y se dejen a la libertad del receptor la interpretación de algunos detalles, como la colmena que se forma en el buzón de correos. Pero este recurso a cierto impresionismo o pincelada suelta no acaba de convencer, pues más bien el espectador tiene la sensación de un guión deshilachado, con demasiados cabos sueltos, y necesitado de una revisión que engarce mejor las secuencias.

Todo pivota alrededor de Angelo, un hombre que ha debido de tener una personalidad fuerte, con las ideas claras y una trayectoria razonablemente satisfactoria, pero al que la soledad va minando por dentro. Y da la impresión de que se refugia en volcar la afectividad hacia la gata porque se encuentra atrapado entre el orgullo o la torpeza para reconciliarse con su hijo, conseguir mejores amistades que la del antiguo entrenado o iniciar una relación sentimental (tareas en las que fracasa) y la imposibilidad radical de recuperar el amor de su vida (Clara), lo que supone una herida abierta que la ancianidad hace más cruel. Al final, Manglehorn es una indagación con formato de apunte rápido sobre aspectos centrales de cualquier existencia como el equilibrio afectivo, las lealtades, los recuerdos, la supervivencia, la proximidad/lejanía de los familiares o de los amigos, el placer de lo pequeño… que invita al espectador a la reflexión siempre abierta, porque cualquier respuesta será provisional.  

 

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