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WHITE GOD (Dios blanco)

Escrito por José Antonio García Juárez
  • Titulo Original
    Fehér isten
  • Producción
    Eszter Gyárfás, Viktória Petrányi, Viola Fügen, Gábor Kovács, Fredrik Zander. Proton Cinema, Pola Pandora Filmproduktions, Filmpartners, The Chimney Pot, Film i Väst, Hungarian National Film Fund, ZDF/Arte (Hungría, Alemania y Suecia, 2014)
  • Dirección
    Kornél Mundruczó
  • Guión
    Kornél Mundruczó, Viktória Petrányi, Kata Wéber
  • Fotografía
    Marcell Rév
  • Música
    Asher Goldschmidt
  • Montaje
    Dávid Jancsó.
  • Distribuidora
    Golem
  • Estreno
    19 Junio 2015
  • Duración
    121 min.
  • Intérpretes
    Zsófia Psotta (Lili), Sándor Zsótér (Dániel), Szabolcs Thuróczy (anciano), Lili Monori (Bev), Károly Ascher (Péter), Lászlo Gélffi, Lili Horváth (Elza), Gergely Bánki (Cazador de perros), Tamás Polgár (Cazador de perros), Erika Bodnár (Vecina), Bence Csepeli (Diamond), János Derzsi (Indigente)

white-god2Original e intenso thriller canino por las calles de Budapest a ritmo de Tannhäuser

Desde un país con la tradición visual de Hungría, cuna de varios de los mejores fotógrafos del siglo XX, llega una propuesta absolutamente insólita, que debe disfrutarse desde el completo desconocimiento y con una actitud desembarazada de prejuicios y apta para el delirio y la reflexión. El compatriota de los ilustres André Kertesz, Moholy Nagy o Endre Ernó Friedman (Robert Capa), Kornél Mundruczó inventa en su sexto largometraje una espléndida alegoría, sencilla pero no simple, que traduce a espectaculares imágenes de una fuerza visual epatante. Un paseo por varios géneros remitiendo directamente al Bresson de El azar de Baltasar, al Orwell de Rebelión en la granja o al Hitchcock de Los pájaros, un sugestivo juego en el que asoman sin recato una serie de licencias y atajos dramáticos asumibles en pro de su penetrante discurso, caleidoscópico y brutal en el que se dan la mano el racismo, el salto generacional, el amor fraternal al perro o la ópera. Una mezcla original y explosiva a la que el autor llega bajo el pelaje y la premisa aparente de un redundante drama familiar. Premiado en un buen número de certámenes, incluido Cannes, White God quiere ir mucho más allá.

Lo que empieza contando. La historia de la joven Lili, obligada por su madre a pasar unos días con su padre, mientras se toma unas vacaciones y viaja con su nueva pareja. Pese a su negativa, Lili y su perro Hagen acaban en el minúsculo apartamento de Dániel. Pero, nada más llegar, Hagen se convierte en un estorbo. El padre de Lili no lo quiere por los problemas que le puede acarrear con los vecinos. Tras un problema con su profesor de música por culpa de Hagen, Lili abandona el ensayo. Al enterarse, su padre obliga a Lili a elegir entre abandonarlo o entregarlo en la perrera. Abandonado a su suerte, Hagen tendrá que aprender a sobrevivir, incluso a pesar de los amos que lo maltraten y utilicen en su beneficio, algo que Hagen no olvidará y sabrá como corresponder.

La potencia dramática, brutal y onírica, de los primeros planos, con una inmensa jauría persiguiendo en apariencia a la pequeña Lili, que viaja en bicicleta por las calles de Budapest eleva el interés en un prólogo con pre-clímax abstruso que es el que invita al juego, el que suspende la atención y obliga, si se desea repetir el estremecimiento, a contemplar su génesis. Pide esa paciencia tan escasa en el público postpostmoderno, de la manera más hábil posible y con el arma más poderosa, la cámara. Mundruczó opta por una narración en círculo y estéticamente por la cámara hombro con un recurso apenas perceptible conscientemente, pero que funciona como un acto reflejo en el espectador en la creación de un malestar que acompaña a la atmósfera perturbadora del filme, una serie de microzooms que introduce a la terminación de casi cada plano. Un filme decididamente sorprendente y sin complejos, excelso en su concepción visual, si bien peca de cierta candidez y obviedades en el tratamiento austero de algunos tramos del guion, resolviendo de manera desigual las situaciones orientadas a su estrambótico desenlace. Una fábula un tanto forzada que como virtud o defecto, extravía la atención de su discurso más profundo merced al estilo impetuoso de la propuesta.

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