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INVENCIBLE (UNBROKEN)

Escrito por Diego Salgado
  • Titulo Original
    Unbroken
  • Producción
    Universal Pictures y Walden Media (EE.UU, 2014)
  • Dirección
    Angelina Jolie
  • Guión
    Ethan Coen, Joel Coen, William Nicholson y Richard LaGravenese; basado en el libro “Unbroken: A World War II story of survival, resilience and redemption”, de Laura Hillenbrand
  • Fotografía
    Roger Deakins
  • Música
    Alexandre Desplat
  • Montaje
    William Goldenberg y Tim Squyres
  • Distribuidora
    Universal
  • Estreno
    25 Diciembre 2014
  • Duración
    137 min.
  • Intérpretes
    Jack O’Connell (Louis Zamperini), Jai Courtney, Garrett Hedlund, Domhnall Gleeson, Finn Wittrock, John Magaro, Alex Russell.

00invencible2Angelina Jolie prosigue con timidez su carrera como directora, emprendida hace tres años con la reivindicable En tierra de sangre y miel.

La ópera prima como directora de la actriz Angelina Jolie, En tierra de sangre y miel(2011), fue recibida por la crítica, en particular la crítica española, con poco entusiasmo. Una lástima, porque, sin tratarse de una película brillante, revelaba una mirada especial en el abordaje de un registro, el del sufrimiento humano en tiempo de guerra, que ha acabado siendo víctima con los años de bienintencionados lugares comunes dramáticos e ideológicos. Jolie se atrevía a enmarcar durante el conflicto que sacudió los Balcanes en las postrimerías del siglo XX una historia de amor intensa, perturbadora, en la que los horrores bélicos tenían un papel a la vez deformante y liberador de las pulsiones íntimas, abocadas en circunstancias extremas, por mucho que no guste hablar de ello, a manifestaciones ajenas a toda convención romántica o corrección política.

Como en el caso de Mel Gibson, Jolie ya había hecho gala en sus interpretaciones de una sensibilidad tortuosa, que prometía a partir de su debut como realizadora ir un paso más allá en cuanto a valores expresivos. Y el argumento de su segunda película, Invencible, se prestaba sobre el papel a seguir indagando en esa dirección. Su protagonista, real, es Louis Zamperini (1917-2014), un aguerrido neoyorquino, hijo de inmigrantes italianos, que logró encauzar su agresividad y extrañamiento hacia su país de adopción, Estados Unidos, practicando el atletismo, lo que le llevó a competir en los Juegos Olímpicos de 1936 en Berlín y a conocer a Adolf Hitler. Sin embargo, la mayor aventura de Zamperini tendría lugar en abril de 1943, durante la Segunda Guerra Mundial. El bombardero de cuya tripulación formaba parte cayó al océano Pacífico, lo que marcaría para él el inicio de una auténtica odisea que incluyó semanas a la deriva en un bote salvavidas, su apresamiento por tropas japonesas y su reclusión en hasta tres campos de concentración, en los que sobrevivió por pura fuerza de voluntad a las pésimas condiciones de confinamiento y a la inquina que desarrolló contra él un carcelero de tendencias sádicas.

Como puede apreciarse, material casi obligado para la forja de una película compleja y de prestigio, que es exactamente lo que se ha propuesto materializar Jolie, con resultados, eso sí, decepcionantes. Durante los primeros minutos de Invencible, la apuesta de guión y dirección por un ascetismo que hace de lo contado una pesadilla, una narración deshabitada y en sordina, llama la atención del espectador. Pero, a medida que discurre un metraje que pretende abarcar en solo dos horas todas las peripecias apuntadas, lo esquemático y lo impersonal van apoderándose de las imágenes, incapaces de decidir si corresponden a un relato de superación personal auspiciado por el sueño americano; a una fábula ejemplarizante sobre los desastres de la guerra y lo indomable del espíritu humano; o a una cavilación sobre los meandros imprevisibles y retorcidos susceptibles de modificar el rumbo de toda existencia.

El origen de esta indefinición creativa cabe cifrarlo en las muchas influencias bajo las que ha sido gestada Invencible. Quizás, porque sus ambiciones de cara al reconocimiento crítico y los premios han sido más perentorias que en el caso de En tierra de sangre y miel. Las intervenciones de los hermanos Joel y Ethan Coen en el guión, la implicación creativa de Roger Deakins más allá de su labor como director de fotografía, los intentos por emular el cine de Clint Eastwood –para quien Angelina Jolie protagonizase El intercambio (2008)–, no redundan en una cohesión y un sentido propios para la película, sino en un carácter de mero bosquejo para quién sabe si Feliz Navidad, Mr. Lawrence (1983), Camino al paraíso (1997), u otra película más original o sugerente que apenas puede vislumbrarse bajo el aluvión de condicionantes descritos. El medroso recurso en los títulos de créditos finales a carteles explicativos e imágenes del Louis Zamperini verídico, firman el certificado de defunción de una ficción que no se atreve, o no sabe, ser ella misma a todos los efectos, y que como consecuencia acaba siendo nada.

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