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AHORA ME VES...

Escrito por Diego Salgado
  • Titulo Original
    Now you see me
  • Producción
    Kurtzman Orci Paper Products y Summit Entertainment (EE.UU., 2013)
  • Dirección
    Louis Leterrier
  • Guión
    Edward Ricourt, Boaz Yakin y Ed Solomon;
  • Fotografía
    Larry Fong y Mitchell Amundsen
  • Música
    Brian Tyler
  • Montaje
    Robert Leighton y Vincent Tabaillon.
  • Distribuidora
    eOne Films
  • Estreno
    19 Julio 2013
  • Duración
    115 min.
  • Intérpretes
    Jesse Eisenberg (J. Daniel Atlas), Mark Ruffalo (Dylan), Michael Caine (Arthur Tressler), Morgan Freeman (Thaddeus), Isla Fisher (Henley), Woody Harrelson (Merritt), Dave Franco (Jack), Mélanie Laurent (Alma), Michael Kelly (agente Fuller).

ahora-me-ves2“No deseche un efecto solo porque se haya presentado muchas veces antes”, aconsejaba el mítico Harry Houdini (1874-1926) a sus admiradores y discípulos en Cómo hacer bien el mal (1934), recopilación póstuma de sus ensayos sobre magia: “Un truco viejo en manos entusiastas y exuberantes nunca falla a la hora de atrapar nuevamente la atención del público”. El cine comercial de los últimos años parece obsesionado con las palabras de Houdini. En una época de descrédito para la ficción y el mismo séptimo arte, se han multiplicado sintomáticamente en la cartelera títulos sobre los entresijos del ilusionismo –El truco final: El prestigio (2006), El ilusionista (Neil Burger, 2006), Next (2007), El ilusionista (Sylvain Chomet, 2010), The Incredible Burt Wonderstone (2013)–; sobre el juego y el crimen articulados como números de magia –la serie Ocean's Eleven (2001-2007), 21 Blackjack (2008), The Pelayos (2012), El gran golpe (2012)–; y sobre el cine reivindicado como agente fundamental de la ilusión y los espejismos –La invención de Hugo (2011), Oz: Un mundo de fantasía (2013)–.

            Ahora me ves… podría considerarse suma y resumen de todas estas inquietudes, una película que intenta desconcertarnos apelando a tretas y registros vistos mil veces, pero abordados de manera novedosa. Sus protagonistas son cuatro magos que, reunidos por un misterioso mecenas, escenifican vistosos espectáculos de prestidigitación que incluyen el robo en aparente directo de sucursales bancarias y cajas fuertes, cuyos fondos vuelcan sobre el público asistente a sus representaciones como fin de fiesta. Por supuesto, tan generosas y extravagantes actitudes no tardan en llamar la atención del FBI y la Interpol, aunque, por mucho que sus agentes se empeñen en pillar con las manos en la masa al grupo de ilusionistas, estos siempre irán por detrás de ellos. Hasta que un último golpe de timón nos hace comprender que también nosotros hemos sido engañados por el relato.

            ¿Con buenas artes? Ahora me ves… es brillante y dinámica como un show televisivo retransmitido desde Las Vegas. Quizás, lo más inspirado que ha firmado nunca Louis Leterrier, realizador previamente de cintas tan poco aconsejables como El increíble Hulk (2008) y Furia de Titanes (2010). Por mucho que esta su última propuesta también peque de confusa en lo relativo al montaje de las escenas de acción, y en última instancia haya de confiar la comprensión sobre lo que sucede a las prolijas explicaciones que uno de los personajes, el encarnado por Morgan Freeman, va dando a los restantes y, de paso, al público. Por otra parte, la película ha sido rodada en formato analógico y no digital por deseo expreso de los directores de fotografía Mitchell Amundsen y Larry Fong, que querían los efectos digitales integrados en la imagen fotográfica y no al contrario, con el fin de aumentar la inmersión del espectador en lo narrado. Por último, alberga, gracias a su trasfondo de venganzas y su desvergüenza a la hora de resolver ciertas situaciones, similitudes con los folletines mudos de Louis Feuillade, lo que redunda en la idea de la vigencia del cine como vehículo de expresión idóneo para la suspensión de la incredulidad.

Sin embargo, se escucha más de una vez una frase, expuesta por uno de los cuatro embaucadores, J. Daniel Atlas, que pretende ser el leit motiv de la propuesta pero que no basta para satisfacer nuestras expectativas: “Cuanto más cerca estés, menos vas a ver”. Y es verdad, como ya se ha apuntado, que, absortos como estamos en las pequeñas celadas que Ahora me ves nos tiende cada pocos minutos, se nos escapa el verdadero truco que nos estaban proponiendo los responsables del film hasta que nos explota en los ojos. Pero también es incuestionable que, una vez revelado este, el conjunto tiene mucho más de fuego de artificio que de magia auténtica y fascinante. Ahora me ves… está resuelta con pulcritud, pero no hay en ella más talento que el justo y necesario para que sus casi dos horas de metraje no pesen, dejando mucha menos huella que modelos obvios como Topkapi (1964), Sospechosos habituales (1995) y The Game (1997). Obligado volver a remitirse al Houdini de Cómo hacer bien el mal: “Un truco viejo bien hecho es mejor que un truco nuevo sin demasiados efectos”.

 

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