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LAS FLORES DE LA GUERRA

Escrito por Pedro Miguel Lamet
  • Titulo Original
    Jin líng shí san chai
  • Producción
    Beijing New Picture Film Co., EDKO Film, New Picture Company, China, 2011
  • Dirección
    Zhang Yimou
  • Guión
    Heng Liu; basado en la novela de Geling Yan
  • Fotografía
    Zhao Xiaoding
  • Música
    Alexandre Desplat
  • Montaje
    Peicong Meng
  • Distribuidora
    European Dreams Factory
  • Estreno
    08 Marzo 2013
  • Duración
    146 MIN.
  • Intérpretes
    Christian Bale (John Miller), Ni Ni (Yu Mo), Shigeo Kobayashi (Kato), Dawei Tong (Li), Paul Schneider (Tery).

las-flores-de-la-guerra2Una superproducción china un tanto ingenua y exportable de brillante factura contra los horrores de la guerra. Se trata de  una de las más costosas de esta cinematografía, que llega con aires hollywoodienses y un par de años de retraso a nuestro país, de la mano del gran Zhang Yimou. La historia, extraída de la obra literaria de Yan Geling, se remonta a la atroz ocupación japonesa de Nanking a partir del microcosmos concentrado en una iglesia católica, donde se ha refugiado un grupo chicas estudiantes que convive a su modo con una serie prostitutas que también se protegen de la guerra. Un enterrador-maquillador de cadáveres, sin muchos escrúpulos, viene a sepultar al sacerdote y se disfraza con la sotana de éste como modo de supervivencia para convertirse en el catalizador entre ambos colectivos femeninos, experimentando dentro de aquellas ropas una evolución interior ante el drama de la guerra.

No es la primera vez que la masacre de 1937 ha sido objeto de numerosos filmes, como la reciente City of Life an death de Lu Chuan (2009). Las flores de la guerra se ha planteado con vocación de film exportable, gracias al fichaje de Christian Bale como protagonista y a sus ingredientes un tanto morbosos: suma de chicas vírgenes junto a jóvenes prostitutas pastoreadas por un falso cura, dentro del recinto estético de un gran templo y la explotación siempre agradecida  de la iconografía de épica bélica. Y los resultados de taquilla en China y fuera de ella lo corroboran.

Las tropas japonesas acaban de asolar la ciudad donde apenas queda nadie. A su paso siembran muerte, violencia, agresiones sexuales y torturas, sin respetar siquiera a mujeres y niños. Un grupo de soldados chinos que han logrado sobrevivir al combate, protegen hasta que pueden a las jóvenes alumnas del colegio adjunto a la iglesia, donde también se refugian las chicas huidas del barrio de lupanares. El sepulturero occidental vestido de sacerdote ha decidido marcharse cuanto antes. Pero, cuando un grupo de soldados irrumpe en el templo con la intención de violar a las chicas, decide asumir el rol de auténtico cura para salvarlas.

Mientras, Zhan Yomou no ahorra brutales escenas de guerra transfiguradas por su paleta de director esteta y minucioso, con cámara en mano que avanza por calles humeantes entre cadáveres carbonizados. De este modo logra resaltar el contraste de gestos humanos, una historia de amor y una esperanza de ayuda entre tanta carnicería. La tesis evangélica de “las prostitutas os precederán en el reino de los cielos”, quizás porque tocan fondo y “han amado mucho”, se cumple en las actitudes que surgen en el film. Una reflexión un poco forzada sobre el mal, el amor y la inocencia con impostación y sabor USA, que pasa de un personaje estereotipo, bien interpretado por el estadounidense Christian Bale, que regresa a la China de los tiempos de El imperio del sol(1987) de Steven Spielberg, a una psicología algo más rica y matizada. Hay que  destacar también el  principal papel femenino (la cortesana Yu Mo), interpretado de forma excelente por la  joven actriz Ni Ni, en su primera comparecencia cinematográfica. Otro personaje destacado y bien interpretado es Shu, el niño al cual el sacerdote fallecido le traspasa la responsabilidad de cuidar a las niñas.

Dos horas de película, que aunque no llegan a la altura de otros filmes de Zhang Yimou, conservan la calidad de su sello. Debutó como director con Sorgo rojo (1987) y al ganar el Oso de Oro Berlín, pasó a ser mundialmente conocido. Ya desde su primera película, Zhang pasó a ser uno de los directores chinos con mayor proyección internacional. Luego vinieron La linterna roja (Da hong deng long gao gao gua, 1991), ¡Vivir!(Huozhe, 1994), Ni uno menos (Yi ge dou bu neng shaom, 1999) y El camino a casa (Wo de fu qin mu qinm, 1999) que recibieron premios en Berlín y Cannes. Su filmografía es muy extensa, con casi un título por año desde 1987, pues los premios obtenidos en los grandes festivales de cine como Cannes, Venecia y Berlín le abrieron las puertas del mercado de la distribución. Pese a la repercusión internacional del director, dos de sus películas fueron prohibidas en China: Semilla del crisantemo (Ju Dou, 1990) y La linterna roja, un precioso y colorista film. Su cine, muchas veces alejado de la doctrina oficial del régimen chino, no siempre ha sido bien aceptado en su país, donde se le han puesto todas las trabas posibles, desde denegarle permiso para realizar viajes de promoción, hasta censurarle guiones. Una vez más se distingue por su preciosista fotografía, que denota su gran experiencia adquirida desde los inicios de su carrera precisamente como director de fotografía. Zhang Yimou también ha trabajado en algunos proyectos televisivos y en producciones de ópera. Su reconocida trayectoria profesional le permitió,  junto con el coreógrafo Zhang Jigang, dirigir con éxito la espectacular ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Beijing de 2008.

El film es además un homenaje a la mujer, auténtica “flor de la guerra”, y una denuncia contra sus horrores desde la óptica de las víctimas. En una palabra, un largometraje comercial, quizás demasiado largo, con buenas intenciones y bastante ingenuidad, débil en lo intimista y no exento de algunas dosis de inverosimilitud.

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