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Almodóvar y sus crímenes pasionales

Escrito por José Luis Sánchez Noriega

  todoalmoFilmoteca Española programa este mes un ciclo titulado “Marzo Todo Almodóvar” donde a las películas del cineasta se suman las elegidas por él bajo el epígrafe “Carta blanca” y donde se incluyen títulos por afinidad o, en bastantes, casos, por ser citadas en las suyas como Eva al desnudo, Duelo al sol, Johnny Guitar, El merodeador, Opening Night, El fotógrafo del pánico, etc. Se suma este ciclo a los homenajes que han supuesto, hace unos meses, la retrospectiva en el MoMA neoyorkino y el doctorado honoris causa por la universidad de Oxford. Con veinte largometrajes en su haber, más allá de filias y fobias, no cabe duda de que Almodóvar ha escrito un capítulo en el cine español y, al menos, un párrafo en el cine mundial, a pesar de la caída de taquilla en sus últimas películas y de la paradoja de que Julieta haya tenido más espectadores en Francia que en nuestro país. En todo caso, una buena ocasión para reflexionar sobre algún aspecto de su cine, no muy comentado.

            Tengo para mí la convicción de que las películas de Pedro Almodóvar revelan su profundidad y complejidad intertextual después de que, tras el primer visionado, el espectador “entra” en la película y se apropia de un mundo de ficción con el que no siempre es fácil sintonizar. También creo que la imagen que el público se lleva de este cine es que hay muchas comedias, cuando en realidad sólo se puede hablar de tres películas adscritas a ese género (Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, Mujeres al borde de un ataque de nervios y Los amantes pasajeros), aunque en esta filmografía –deliberada y esencialmente melodramática- haya mucho humor; un humor singular y creativo que deja huella en el espectador. Pero vamos a dedicar un poco más de tiempo a una tercera cuestión de conjunto: los elementos de cine criminal que hay en el cine de Almodóvar.

            Para empezar, nadie diría que de veinte películas sólo en cuatro no tiene lugar un suceso criminal. Y es que los crímenes no presentan el tratamiento de suspense, investigación o violencia recurrentes en el género; se renuncia a los mecanismos habituales de puesta en escena en la narración de sucesos criminales y se opta por una intriga mínima y la ausencia de digresiones a fin de profundizar en las raíces emocionales de los personajes. De los veinte largometrajes solamente en un par de ellos (Carne trémula, Kika y, parcialmente, La mala educación) la historia se apoya en el soporte de intriga donde son relevantes los sucesos criminales. Llama la atención también la preeminencia de los crímenes relacionados con las relaciones sentimentales y sexuales, muy por encima de los delitos económicos, pues hay violaciones y abusos sexuales (Pepi, Luci, Bom…, Laberinto de pasiones, La ley del deseo, Matador, Kika, Volver, Hable con ella, La mala educación, La piel que habito), cambio de sexo (La piel que habito), violencia machista (Pepi, Luci, Bom…, Átame!, Carne trémula, Los abrazos rotos)… hasta los secuestros de Átame! y La piel que habito tienen relación con el sexo. Es decir, que en el cine de Almodóvar los crímenes son básicamente crímenes pasionales o relacionados con las pasiones, como la venganza o la búsqueda de la justicia de quien ha sufrido el desamor o el agravio del abandono. Más excepcionales resultan las motivaciones exóticas que aparecen en Kika: la periodista sensacionalista Andrea Caracortada mata por conseguir exclusiva periodística y el escritor Nicholas Pierce por plasmar en relatos de ficción sucesos reales.

Una observación más atenta nos permite subrayar algunos rasgos o características. En primer lugar, están las narraciones de sucesos con mujeres que acaban con hombres sin que reciban sanción por su conducta ni exista reprobación moral. Nos referimos a la Gloria de ¿Qué he hecho yo para merecer esto!, la esposa desairada y maltratada del cortometraje Tráiler para amantes de lo prohibido!, la “abuela fantasma” Irene que quema vivo a su marido y a la amante de éste en Volver o la niña Paula que se defiende del abuso sexual acuchillando a su padrastro en esa misma película y Rebeca (Tacones lejanos) que siendo niña mata a su padrastro porque la aparta de su madre y, ya adulta, asesina a su marido infiel. No hay castigo porque todas estas mujeres antes de convertirse en verdugos –a veces de forma azarosa, como Gloria- han sido víctimas en unas relaciones machistas y/o presididas por la violencia de género.

            En segundo lugar, están las madres que asumen crímenes cometidos por sus hijas, asimismo con un trasfondo machista, comoRaimunda que se hace cargo del crimen de Paula niña en Volver o Becky del Páramo, que en su agonía se confiesa culpable de asesinato cometido por Rebeca en Tacones lejanos. En el caso de los hombres, los crímenes pasionales aparecen motivados por el desamor o la frustración por un deseo que no logra una realización medianamente gratificante y que pueden llevar a la persona a la criminalidad y al abismo nihilista de la autodestrucción; me refiero a dos figuras de asesinos suicidas: el Antonio de La ley del deseo,que arroja por un acantilado al amante de Pablo para conseguir a éste y se mata cuando la policía lo cerca y es consciente de que nunca será amado por Pablo; y el policía maltratador Sancho, que asesina a su mujer en un intento desesperado de que no lo abandone y, a continuación, se suicida porque su vida carece de sentido sin su amada (Carne trémula).

            Tanto estos hombres como las mujeres que matan a varones, poseen la condición de víctimas que son verdugos. Que los personajes reunan la doble cualidad de víctima y verdugo responde a una poética que evita todo maniqueísmo y que, probablemente, hunde sus raíces en el cine negro clásico, carente de los estereotipos duales de héroes/villanos y cuya visión del mundo revela una antropología pesimista, pues las fronteras de moralidad/legalidad, culpabilidad/inocencia, siempre son difusas, probablemente porque las pasiones y sentimientos que explican los comportamientos criminales se encuentran más allá de la voluntad y la libertad de la persona. Ignacio y Berenguer hacen chantaje por dinero o por amor/deseo en La mala educación, pero acaban convertidos en víctimas: el primero asesinado por el segundo para liberarse del chantaje, y Berenguer a manos de Juan, un cómplice en ese asesinato que reivindica su libertad.En La piel que habito se encadena la sucesión de roles de víctima y verdugo: Vicente es el verdugo que viola a Norma y se convierte en víctima de Robert pero después, ya como Vera tras la operación de cambio de sexo, será nuevamente el verdugo que mata a Robert y a Marilia. Antes de adoptar el papel de verdugo secuestrador que rapta a Marina atamepara que se enamore de él, se adivina en Ricky (Átame!) un pasado de víctima de infancia triste y soledad en establecimientos públicos. En fin, en el asesinato-suicidio ritual de la abogada María Cardenal y el torero Diego Montes (Matador), que fusionan sus cuerpos en un éxtasis erótico-tanático, estos dos personajes reúnen esa doble condición.

            Ya queda indicado cómo dos hombres (La ley del deseo y Carne trémula) se suicidan tras cometer un asesinato por desamor; a ellos se puede añadir Benigno (Hable con ella), que termina con su vida en la prisión tras haber violado a la mujer en coma que cuidaba. Por un trauma insuperable del cuerpo herido y deformado ponen fin a su existencia dos mujeres, Gal y Norma (y Vera como intento) en La piel que habito.

            En consecuencia, esta filmografía presenta muchos sucesos criminales, pero se aparta del tratamiento novelesco y de la intriga habitual del cine de género para hacer de los crímenes radicalizaciones de las pasiones y los sentimientos que atenazan a los personajes, quienes se ven abocados a ellos, con evidente talante trágico, porque carecen de libertad de decisión ni son dueños de sus motivaciones ni de su destino. 

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