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ROMPECABEZAS

Escrito por Ignacio Lasierra

Retrato de mujer elocuente en sus silencios.

Con casi un año de retraso se estrena en nuestra cartelera Rompecabezas, el debut de la boaerense Natalia Smirnoff. Con un reparto plagado de veteranos del cine argentino, Natalia idea una película muy arraigada a la cinematografía de su país, que se construye mucho más en el silencio que en el diálogo y a partir de la cual retrata un digno reflejo de los sentimientos almacenados en una mujer que descubre su don el día de su cincuenta cumpleaños.

Maria del Carmen es un ama de casa mantenida por su marido Juan, tienen dos hijos, y sus preocupaciones se centran en alimentar a su familia y mantener su hogar en orden. Una mujer silenciosa, felizmente casada y a la que no se le pide opinión alguna en una familia en la que ella no toma las decisiones. Cuando María cumple cincuenta años, sus amigos le regalan un puzzle de 1000 piezas que logra hacer en veinticuatro horas. Animada por un cartel que encuentra en una tienda de puzzles y su facilidad para construirlos, se pondrá en contacto con Roberto un coleccionista que busca pareja para competir en un campeonato cuyo premio es un viaje a Alemania para el mundial de puzzle para la pareja ganadora. Conforme María va entrenando con Arturo va descubriendo poco a poco que tiene un don especial para construir puzzles, a la vez que explora sus sentimientos más contenidos hacia Roberto. Las contradicciones entre sus escapadas encubiertas para ver a Roberto, y el amor que parece profesar a su marido son motivo suficiente para construir a esta ama de casa que se replanteará toda su vida cuando los puzzles llegan a su vida.

La directora, Natalia Smirnoff, aprovecha la sencillez de la trama para construir de forma minimalista un retrato de una mujer apagada, como lo fuera La mujer rubia (2008) de Lucrecia Martel.  A diferencia de esta, la protagonista de Rompecabezas explora a través de la construcción de los puzzles una profunda ansia de cambio impedida por la asentada vida domestica que le rodea. Maria Onetto, parece interpretar en Rompecabezas, una prolongación del personaje al que también dio vida en la película de Lucrecia Martel: una mujer en plena transformación propiciada por un descubrimiento casual. Para dibujar este arco de evolución, Natalia se vale de un minimalismo y una desnudez cinematográfica constante de principio a fin: planos desestabilizados, cámara al hombro siempre a la altura de los ojos de la protagonista, tomas cortas, desenfoques propiciados, la partitura arrítmica de Alejandro Fanov, y por supuesto, la afición de la protagonista que da título al film. Una afición meticulosa y tan silenciosa como el personaje, a través de la cual María explora sus propios sentimientos e invita al espectador a participar de la construcción de este puzzle desde la triple perspectiva de madre, mujer casada y amante fugaz con un don especial. La sencillez se convierte en la mejor aliada de la directora debutante y confirma que la mirada que hay detrás de la cámara es perspicaz y detallista. Incluso en los créditos finales, Natalia Smirnoff nos muestra una sola imagen de María fundida en un paisaje simulando las cajas de los puzzles, los mismos que durante toda la película no ha podido mirar por normas del campeonato. Una muestra más, de que las imágenes en su momento justo, tienen mucha más fuerza que utilizadas al libre albedrío.

Con esta intención presente, de dosificar las imágenes y los diálogos para comprender el relato, Natalia se defiende con largos silencios, multitud de frases inacabadas y entrecortadas, repeticiones continuas y miradas desnudas entre sus personajes. Sin embargo, se echa de menos que en algún momento exista un cambio brusco de ritmo, que pese a intuirse, nunca termina por llegar para el espectador. Aún así, la película se sostiene con solidez y resultará atractiva para todo aquel que esté cansado de interminables diálogos que poco nada tengan que decir. En una de las cinematografías más dadas a seguir trabajando a partir de la máxima de que menos es más, Rompecabezas se agarra con fuerza a los principios utilizados en buena parte del cine argentino reciente y corrobora, que al otro lado del charco, el silencio y la sencillez se revalorizan entre la nueva cantera de directores. Habrá que seguir con lupa, si la distribución nos lo permite, los siguientes trabajos de la directora. 

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